GANADERÍA
«Hacer la trashumancia compensa»
Diego Torres realiza cada año dos trayectos a pie entre Extremadura y el norte de Gredos

Diego Torres es un ganadero de Navarredonda de Gredos con una larga tradición familiar.-A. G.
como cada año desde hace décadas, Diego Torres ha regresado a Navarredonda de Gredos, pequeña localidad de la Sierra abulense donde prácticamente la totalidad de sus ganaderos son trashumantes. Y lo ha hecho con las 320 cabezas de ganado que integran su vacada, y que durante el último medio año han pastado en las fincas de Extremadura.
Tras permanecer en tierras de Mérida desde finales del año pasado, las reses se encuentran ya en los agostaderos de la vertiente norte para pasar un verano algo más agradable que en las tierras del sur, en las que el calor aprieta con fuerza a estas alturas.
Torres forma parte de los 450 ganaderos abulenses que aún mantienen esta práctica milenaria, aunque es uno de los pocos que aún realiza la trashumancia a pie o a lomos de su caballo desde hace mucho tiempo, aunque de forma ininterrumpida durante las últimas dos décadas.
Ataviado con su gorra, unas gafas de sol, pantalones de montaña y polo negro, Torres se siente orgulloso de mantener una tradición que ya realizaron sus antepasados. De hecho, en el trayecto entre las fincas de Badajoz, en las que ha permanecido siete meses, y Ávila, ha estado acompañado por otros cuatro pastores entre los que figuraban su padre, un tío y su hermano de 25 años. Espera que la tradición perviva también en su familia.
Apoyado sobre una larga vara y junto a un precioso caballo blanco, este joven ganadero reconoce que realizar la trashumancia es «duro». Sin embargo, añade: «Pero es más bonito que duro. Entonces, compensa».
Estas palabras las pronuncia desde lo alto del Puerto El Pico, mientras observa a su vacada pastar en esas praderas desde las que se divisa el impresionante Barranco de las Cinco Villas, por el que han ascendido a través de la Calzada Romana que conduce a la vertiente norte de este macizo.
Desde su punto de vista, realizar la trashumancia a pie, a razón de unos 25 kilómetros diarios durante dos semanas, tiene varias ventajas para el ganadero, para las reses y para la biodiversidad.
Para el ganadero porque «se ahorra bastante dinero». En este sentido, señala que al ahorro del transporte se suma el de la comida, ya que en invierno resulta «inviable» que las vacas de avileño puedan pastar en la Sierra de Gredos, teniendo en cuenta las gélidas temperaturas y la nieve que se acumula durante buena parte del periodo invernal.
Respecto a las reses, asegura que durante el trayecto «no sufren estrés, ni accidente», tal y como puede suceder si viajan en camiones. Además, realizando el camino a pie, mejora la calidad de una carne que está «bien musculada».
Y en cuanto a la biodiversidad, Diego Torres asegura que esta práctica milenaria mantiene las vías pecuarias que aún existen en la Península y el ganado favorece el «traslado de las semillas» de diferentes especies vegetales por el camino.
En su veredicto sobre la trashumancia, Torres lo tiene claro: «Se tiene que mantener esta forma de vida, que además es una tradición. Hay que hacer lo que se pueda para que no se pierda».