HONORATO CALLEJA (AMUSQUILLO, VALLADOLID)

Pablo y el Valle del Esgueva

Honorato Calleja, que es el nombre de la bodega, también es uno de sus vinos más representativos

Pablo Calleja, con dos de sus vinosARGICOMUNICACIÓN

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Pablo Calleja es de la añada de 1996. Hijo y nieto de agricultor. Era de esperar que a la hora de elegir su formación universitaria se inclinara por Agrarias. De ahí que pasara por la Escuela Técnica Superior de Ingenierías Agrarias de Palencia. Y al final acabara tomando las riendas de la bodega familiar. Pablo es el salvoconducto para el futuro inmediato de la vitivinicultura en el Valle del Esgueva y tiene muy claro que el vino no debe perder la calidad, ni la calidez y el costumbrismo de un buen trago de porrón. Recuerdo el día de la inauguración de la bodega. Pongamos que fue un día del mes de noviembre de la añada del 2011. Como es de recibo, estábamos todos. Autoridades locales y provinciales, amigos, clientes y la plantilla de la bodega, compuesta por los miembros de la familia. Ahí estaban Mayte y mi viejo amigo Honorato. Y el joven Pablo, que se formaba en Agrarias y empezaba en Enología en Palencia. También, José Carlos Álvarez, un enólogo de prestigio que sigue velando por el diseño y los procesos de elaboración de los vinos de la bodega. Honorato, un tipo vinculado a la lucha campesina, a la defensa del sector agrario y que, cuando llegó la hora de apostar por su pueblo, no dudó en levantar una bodega moderna.

En Amusquillo, que está situado en medio del Valle del Esgueva vallisoletano. Honorato Calleja, que es el nombre de la bodega y de uno de sus vinos más representativos, empezó dando un salto a la cordillera de cerros que separan el Esgueva del Duero, en busca del Jaramiel se fue a Valbuena del Duero y a Pesquera del Duero donde plantó sus tempranillos, a 14 kilómetros de Amusquillo.

Empezar contando la inauguración de una bodega en Castilla y León evidentemente no tiene nada de original ni, posiblemente, de noticioso. Es un signo más del buen momento que disfruta la vitivinicultura en nuestra tierra de tierras. Pero que Honorato Calleja, agricultor a título principal y defensor de la actividad agropecuaria en su valle y en su pueblo, decidiera dar un salto a la viticultura que él conoció de niño en los pueblos del Valle del Esgueva, eso sí es noticia y ejemplo.

Han pasado décadas desde el embrión de la plantación de viñas y la construcción de la bodega. Y ahí sigue la bodega de Honorato. Ahora ya, al mano del timón el joven Pablo Calleja, que ejerce de enólogo y experto en viticultura y proyecta sobre la empresa familiar su trabajo desde que era un niño, la formación recibida y unos cuantos ciclos vegetativos con sus vendimias al lado de su padre en la bodega de Amusquillo. Siempre esperamos que algún día, al margen de adquirir algunas partidas de uva a viticultores propietarios de los últimos majuelos del valle, que Pablo Calleja sea el que ponga en marcha plantaciones más generosas en el Esgueva que nos permitan cerrar el círculo: un vino elaborado, fermentado, criado y etiquetado en Amusquillo.

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Con uvas del Valle del Esgueva. Reconoce que algunos de sus vinos tienen partidas de tempranillo del valle. Pero en lo que todos estamos de acuerdo es en que los vinos de Honorato en Amusquillo son un reflejo digno de un Duero que se desvió antes de llegar a Simancas, donde se le vuelve a encontrar ya que la Esgueva desemboca en el Pisuerga y el Pisuerga en el Duero. Artilugios de la sabia geografía. El Jaramiel, un río y un tinto muy bien estructurado y ajustado a los matices que hoy tanto se aprecian. La Garulla, otro de sus vinos, dice Pablo que es puro vanguardismo. Y ahí le anda. Una tempranillo que fermentó en barrica. Y el Honorato, una de esas etiquetas que hacen honor al titular. Es el vino que homenajea a quien puso todas las uvas en el cesto y elaboró las primeras partidas de los vinos de calidad en Amusquillo. En la ribera del Esgueva, o de la Esgueva, que también vale.