Diario de Valladolid

MASUECO DE LA RIBERA (SALAMANCA)

El salto de la cocina masuecana

Francisco y Ana María, en el comedor del restaurante Santa Cruz, con las réplicas de los cuadros a su espalda

Francisco y Ana María, en el comedor del restaurante Santa Cruz, con las réplicas de los cuadros a su espalda.

Francisco y Ana María, en el comedor del restaurante Santa Cruz, con las réplicas de los cuadros a su espalda.LA POSADA

Javier Pérez Andrés
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Lo mejor que nos puede pasar haciendo la ruta del vino de la DO Arribes es encontrar establecimientos como el Santa Cruz, que está en Masueco. Si avisamos, la trilogía del asado está preparada: cordero, cochinillo y cabrito. Francisco, siempre con una sonrisa, asegura que son su especialidad. Además del guiso del día y la carne roja y el bacalao al estilo de la abuela Generosa. Como buena ribera salmantina, no falta el jamón ni los guiños a las legumbres y lentejas. Junto a los ibéricos, siempre un queso del entorno. Y algo que siempre es de agradecer en cualquier mesa de esta región porque es de justicia: esa ensalada de perdiz escabechada. 

Se puede comer por unos 35 euros a la carta y, a diario, y esto es lo socialmente interesante y de agradecer, en torno a los 15 euros gracias a un menú del día del que todos nos beneficiamos: viajeros, turistas, trabajadores, lugareños, el que viene a arreglar el tractor, a vendimiar, a podar los árboles frutales y así. Me gusta este establecimiento por el buen rollo y la simpatía de Francisco y su mujer, Ana María, que, tras su licenciatura decidió sumarse al proyecto hostelero. 

Lo que más sorprende es que Francisco ha llevado su amor a la pintura a las paredes de su restaurante, con réplicas de los clásicos que llaman la atención de todos al entrar. Sin duda un guiño culto en un lugar de cocina culta. Los vinos, por supuesto, están a la altura.

Antes de iniciarse la revolución del vino, del turismo y de la naturaleza y casi sin acabar del todo las obras del salto de Aldeadávila, en Masueco la abuela Generosa tenía un mesón en la plaza. 

Más tarde, todavía lejos de la Reserva de la Biosfera, pero con la Denominación de Origen Arribes en marcha, Satur y Joaquín levantaron con el 2000 llamando a la puerta un hotel y un restaurante al lado de su gasolinera. De esta manera, Masueco, en plena ribera salmantina –que no tardó con el tiempo en formar parte de la DO Arribes- empezaba a contar con infraestructuras hosteleras modernas para la época. 

Hoy, Francisco Javier Rodríguez y Ana María Ortigosa dirigen en tercera generación el negocio que abrieron los padres de Francisco. Hasta aquí lo trascendental de una oferta de hostelería y, por ende, gastronómica y la necesidad de que funcione bien, esté atendida con gente del oficio y sea regular en servicio y oferta.

Francisco alterna la cocina y la sala, lo mismo que Ana. Es algo que solo los del oficio saben manejar con equilibrio. El hijo de Satur hace un guiño en la cocina al momento estelar de la croqueta con su versión de mar y tierra. Además, los revueltos, el bacalao y las patatas meneás siguen teniendo ese aire de toda la vida. Pero hay tres platos de los que se siente especialmente orgulloso y que, según él, tienen mucha aceptación entre los comensales que se sientan a la mesa de Santa Cruz. 

El guiso del día suele ser carrilleras ibéricas o, con suerte, el cordero a la caldereta masuecana. El ciervo o la ternera guisada son otros guiños al entorno. Dice Francisco que todos sus guisos son al vino de Arribes. Una referencia que también está muy presente en su carta de vinos, con una digna presentación de la zona que promete ampliar en cuanto a muestras y bodegas autóctonas este verano.

Un establecimiento situado en Masueco de la Ribera, no muy lejos del Pozo de los Humos y haciendo linde con Corporario y Aldeadávila de la Ribera, capital de la comarca que puso el nombre al salto más importante en el aprovechamiento hidráulico de España. Hoy las fuentes de riqueza de la zona pasan por la agroalimentación, el turismo, los frutales y el sector del vino. Francisco, Ana María y el Santa Cruz representan un buen ejemplo de la cocina rural salmantina.

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