Diario de Valladolid

BODEGAS VALDESNEROS (DO ARLANZA)

Rubén, el héroe de Torquemada

La misión de Rubén fue canalizar la conocimiento de las bodegas para el seguimiento de los procesos, desde la vendimia al embotellado

Rubén Montero, en sus viñedos, con una botella de Neros Blanco

Rubén Montero, en sus viñedos, con una botella de Neros Blancoargi comunicación

Javier Pérez Andrés
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El mapa del vino en Castilla y León cada día está más y mejor definido. Y si bien las denominaciones de origen más señeras ya están debida y suficientemente consolidadas en los mercados y en el imaginario de los consumidores, otras siguen luchando por hacerse un hueco entre esas referencias. Cumplen los mismos parámetros que el resto. Y esto es lo que les pasa a los vinos de la DO Arlanza. En especial, la bodega que lidera en Torquemada, en pleno Cerrato, Rubén Montero. Aprovecho hoy para reconocer su valor al trabajar en solitario y defender sus vinos. Conozco a Rubén desde que dio los primeros pasos y desde que comenzó a fermentar en ella. Un enólogo que apareció en los años 90 y que tuvo la suerte de no despegarse de su tierra, pues posiblemente sea de los pocos enólogos naturales de Amusco, localidad terracampina y palentina en la que nació en la añada del 78. Rubén Montero tiene un buen ADN de Palencia y del Cerrato. Estudió Agrarias en Palencia, cantera de ingenieros y enólogos de esta región, aunque la licenciatura la alcanzó en la Rovira i Vigili. 

Por esas cosas de la vida profesional, cuando andaba buscando curre en Palencia, le salió un proyecto de un grupo de valientes a los que el Cerrato y la DO Arlanza tendrán siempre que agradecer su empeño en salvar viñas en Torquemada y en poner en marcha una bodega de elaboración de vinos de calidad que engrosaría la lista de las referencias con DO Arlanza. Aquellos nombres propios fueron Pedro Nieto, Fernando Franco, Juan Pastor y José Antonio y Jesús de Miguel. Todos aportaron conocimiento, imaginación, creatividad y pasión por el vino. La misión de Rubén fue canalizarlo todo en el seguimiento de los procesos, desde la vendimia al embotellado. Hoy el joven Rubén Montero, el enólogo de Amusco, es el propietario y director técnico de la bodega, que lleva el nombre de un pago: Valdesneros. Aunque siempre estará en el recuerdo el embrión de aquella asociación enológica cultural Ladrero. 

Y así, en esta época en la que la DO Arlanza se defiende con fuerza y el mundo del vino ya tiene marcadas sus estrategias y mercados, la bodega cerrateña que lidera Montero se defiende en solitario puliendo cada año sus tintos, rosados y blancos Valdesneros y las marcas Cornitero, Neros y Eruelo. Todos ellos con guiños a topónimos cerrateños. A Rubén hay que valorarle el haber apostado por diseños enológicos que van desde los vinos tranquilos a los rosados jóvenes de corte moderno. También, una semimaceración carbónica que mantiene el tipo o ese dulce natural Amantia que nació un día de los Inocentes y que sería, según Rubén, de los primeros vinos de hielo de Palencia. No es tan sencillo obtener materia prima, realizar plantaciones y garantizarse las variedades de uva y el tipo de viñedo en una zona como en la que está Rubén. Por eso, además de las uvas de Quiñones, del Royo, de la Veguilla y de los pagos que tienen etiqueta propia, la bodega adquiere materia prima de viticultores inscritos en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Arlanza. 

Valdesneros ha hecho sobrados méritos para obtener el refrendo de los suyos, del consumidor y aficionado palentino, pues se ha ganado a pulso el que el nombre de los vinos de Cerrato no haya desaparecido. Y como en todo relato, siempre hay una intrahistoria, que, en este caso, viene de la localidad terracampina de Támara, de donde desciende su familia y en la que Rubén, cuando empezaba, decidió plantar unos líneos en un viejo majuelo al lado del arroyo del Gato. Hay quien dice que algunos matices y sutiles rasgos sensoriales en sus vinos pudieran venir de la cabernet y la chardonnay, entre otras, que realizan el ciclo vegetativo en un paisaje dominado por la imponente estampa de San Cipriano.

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