Covitoro
Medio siglo en la plaza

De izda. a dcha.: Martín Padín, Santos Calvo y Alfonso Garcés, en la nave de barricas de la bodega y dos de sus vinos más representativos.-ARGICOMUNICACIÓN
No tiene pérdida: cuando aparecen vocablos, marcas y alusiones a Bardales, Cermeño, La Pedrera, Valdeoliva o Marialba, estamos hablando de Toro (Zamora). En algunos casos, suelo hacer algo poco frecuente entre los consumidores, como es fijarme en el registro del embotellador. Y cuando me encuentro fechas como esta: ‘Noviembre de 1979’ o razones sociales como esta otra: ‘Carretera de Tordesillas, Nacional 122, Toro-Zamora’ entiendo que tengo entre mis manos –como es el caso- un vino y una etiqueta con clarísimas raíces toresanas. En los últimos años no es fácil toparse con bodegas y vinos que mantengan la raíz bien profunda y sujeta a la tierra. Por eso, la actual bodega Covitoro es, además de un lagar y una embotelladora, una parte sentimental asociada a la viña de Toro y su alfoz. Pocos pueden decirlo así de alto: al menos tres generaciones podando y medio siglo en la plaza. O sea, 50 años con sus vinos en el mercado.
Desde la añada de 1978 muchas cosas han pasado en el albero de Toro. La añada definitiva fue la de 1987, cuando dio el salto para convertirse en una Denominación de Origen (DO). Y ahí estaba la cooperativa de Toro, con todos sus viticultores y sus viñas aportando para sumar. Desde entonces, como el resto de las bodegas zamoranas, la bodega ha pasado por todas las fases, desde reordenar y orientar la viticultura ajustando prácticas culturales, a renovar instalaciones para modernizar las técnicas de elaboración y crecer en los mercados. Ya hace años que se produjeron todos estos cambios.
La cooperativa de Toro se resistió a perder su identidad y su vena social. Y por eso es hoy la única bodega con una masa social tan notable en la DO Toro. Y, aunque parezca difícil de creer, los que escribimos sobre ello conocemos el nombre, el apellido, el pueblo y hasta las parcelas (majuelos y bacillares) de cada viña y su dueño, que es un enorme consejo de administración asambleario en el que hoy se sientan 187 propietarios. Todos son viticultores que cultivan las viñas, y podan y vendimian cada año en los términos municipales de Toro, Villabuena del Puente, El Pego, Villavendimio, Tagarabuena, San Román de Hornija, Peleagonzalo y Villafranca de Duero. Nadie puede poner en duda las raíces de esta bodega, que cuenta con la producción de las 900 hectáreas de viñedo de sus socios, que son los dueños.
Precisamente, con este material es con el que juega el director técnico de la bodega, el enólogo Martín Padín. Desde hace dos añadas, él está al frente y puede elegir a placer antes de fermentar partidas de uvas sanas dentro de un mosaico de suelos, edades y tintas de Toro llenas de matices. Lo demás es pura enología. La clave está en que él controla suelo, tierra, cepas mayores de edad y viticultores con un ADN demostrado. Con estos mimbres, el gerente de la bodega, Alfonso Garcés, se encarga de gestionar la comercialización de las dos millones de botellas que todos los años salen a los mercados nacionales e internacionales. El 75% de la producción, bajo el sello de la DO Toro, y el resto se comercializa amparado como Vino de la Tierra de Castilla y León. El 30% de los vinos se destina a la exportación.
Covitoro ha entrado en la dinámica de la época y por eso satisface a sus mercados con una amplia gama de tipologías, desde blancos varietales, dulces y espumosos, a rosados jóvenes y tintos de cortas y largas crianzas en roble. Todos ellos llevan el potencial de la tinta de Toro, aunque la bodega cuente con viñas de uva verdejo, malvasía, albillo y garnacha en partidas menores, pero muy importantes para marcar sensorialmente los matices a sus vinos. Sus marcas más consolidadas son los tintos Cermeño, los Viña Virgen dulce, los blancos de malvasía y el nuevo Medur, un espumosos brut nature que ha salido este año. Además del tinto Barbián -con una buena respuesta en los mercados- están los tintos Arco del Reloj, Cañus Verus, Bardales y Valdeoliva. Santos Calvo es el presidente de la cooperativa y un viticultor que tiene muy clara esa vocación social de empresa moderna de la que dependen muchas familias y cuyo futuro está garantizado.