Diario de Valladolid

BODEGAS ARZUAGA NAVARRO

La marca de los Arzuaga en el Duero

Nacho Arzuaga, en la nave de barricas de la bodega ribereña.-ARGICOMUNICACIÓN

Nacho Arzuaga, en la nave de barricas de la bodega ribereña.-ARGICOMUNICACIÓN

Javier Pérez Andrés
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Ignacio responde de inmediato cuando se le pregunta sobre el cimiento de los tintos Arzuaga, amparados por la DO Ribera del Duero: «Nuestra base es la vid, el viñedo, el suelo… por ahí empezó mi padre en 1987, plantando las primeras viñas. Pero el verdadero asiento es el roble de distintas procedencias, en cuyas barricas, bien seleccionadas, se cierra el ciclo de nuestra máxima preocupación, que no es otra cosa que elaborar un tinto que destaque en los mercados de los vinos de calidad del mundo». Nacho Arzuaga no es amigo de grandes titulares, pero de su padre, Florentino, ha heredado la perseverancia y dejar que el tiempo valore los proyectos. Esto es, precisamente, lo que ha conseguido Arzuaga: ser una marca sólida en el Duero y una referencia en el mundo del vino.

Desde muy joven, Nacho Arzuaga ha trabajado en el proyecto familiar y hoy es la cara más visible de la bodega de Quintanilla de Onésimo. Está al frente de las riendas de un proyecto familiar que, cada año, exige destreza en su manejo, pues nunca ha dejado de sorprender por su dinamismo y versatilidad. Basta analizar lo que hoy significa la marca Arzuaga en el Duero para demostrar el éxito obtenido, despacio, sin fuegos de artificio, pero destacando en el paisaje vitícola, enológico, rural y turístico del entorno. Empezando por el viñedo: 180 hectáreas de viña repartidas entre la finca y términos municipales próximos, con una media de edad de 24 años; una producción media anual de un millón y medio de botellas, de las que el 40% se exporta a 60 países; un restaurante tradicional con vistas al valle, con capacidad para decenas de comensales; y una infraestructura hostelera capaz de recibir a más de un millar de personas en un solo evento.

Pero hay más, pues el edificio incluye un complejo termal, con un spa a ras de suelo con las viñas casi pegadas a los ventanales. A todo esto se suma la capacidad del hotel, un cinco estrellas –en Castilla y León hay media docena de esta categoría–, que mantiene abiertas 80 habitaciones todo el año. Sin duda, una oferta hotelera que ha generado un alto nivel dentro del turismo de calidad. Lo más sorprendente es que –siempre en grupos organizados– clientes, comensales y enoturistas pueden visitar la Finca La Planta, que da nombre a uno de sus tintos más populares. Situada a pocos kilómetros de la bodega, en la paramera, junto a las viñas y centenares de encinas, aquí se pueden contemplar las enormes piaras de jabalíes y las manadas de ciervos –con berrea incluida en el otoño– y una numerosa familia de muflones.

A todo esto hay que añadir otra novedad –una particularidad que se repite en la familia Arzuaga– puesta en marcha el pasado verano, pues Amaya Arzuaga, que ya diseñó su propio vino hace unos años, se ha puesto al frente del nuevo restaurante del complejo, diseñado por ella misma, desde los platos a la vajilla, la cubertería y la decoración. En todo ello Amaya ha vuelto a demostrar su capacidad creativa, aunque en materia de cocina cuenta con el asesoramiento de Víctor Gutiérrez.

Nacho Arzuaga ha conseguido algo más: estar al frente de una empresa que ha creado 120 puestos de trabajo; y mantener la credibilidad en el diseño de los vinos y la oferta enoturística. Bodegas Arzuaga es hoy una referencia en el turismo regional y, desde el punto de vista enológico, aporta variedad en vinos tranquilos y ecológicos. También es de las pocas bodegas que pueden ofrecer una cata vertical con 20 añadas, e incluso más.

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