Cocina local con fusión japonesa
Este nuevo restaurante aúna cocina nipona y platos de raigrambre tradicional en Valladolid

Detalle de uno de los rincones de este restaurante vallisoletano.-I. M.
El nombre ya es toda una declaración de intenciones: Atypikal –con ‘c’, no con ‘k’– significa atípico en el idioma de Shakespeare. Y el cambio de letra anticipa el punto de rebeldía de una cocina que fusiona, ahí es nada, conceptos de gastronomía japoneses con una propuesta de corte regional plenamente clásica y bien resuelta. Y, para rizar el rizo, a la carta –bueno, mejor a la oferta, porque carta como tal no hay: se cantan los platos ¡y los vinos! de viva voz– se suma un interesante menú del día por 14 euros. Por variedad en la oferta no será...
Y todo con una puesta en escena que, como mandan los cánones actuales, se presenta moderna y desenfadada, con mucho estilo hasta conformar un comedor muy acogedor, en el que la variedad de mobiliario, de sillas y unas lámparas espectaculares, junto con unos grandes ventanales hacen que la sala sea especialmente cómoda.
Al fondo, y abierta a la sala, se encuentra la cocina, desde la que articula la doble apuesta culinaria del Atypikal, que permite degustar y alternar platos de ambas culturas gastronómicas, incluidos unos huevos rotos en versión clásica o al estilo japonés, plato en el que fusionan con desparpajo tradición y modernidad, con unas patatitas confitadas y atún rojo en crudo en pequeños dados, todo aliñado con soja, cebollino y sésamo. Una propuesta resultona que recuerda al homenaje de Kabuki a Casa Lucio.
La oferta incluye unos sabrosos y divertidos sushis, con niguiris de atún rojo con salmorejo y panko; o de huevo con trufa, ambos con un arroz de factura perfecta, esponjoso y pegajoso pero suelto a la vez, un poco dulce y ligeramente ácido. Idéntica sensación de liviandad sabrosa se percibe en los rolls de pulpo con mayonesa japonesa y pepino y hojas de shiso, la albahaca japonesa con un sabor a medio camino entre la menta y el anís. Y las costillas de Kobe ofrecen buenas sensaciones por su sabor y manjarosidad.
La vertiente de cocina clásica abarca desde un salteado de mollejas a otro de chipirones, pasando por unas ricas croquetas o chacinas ibéricas.
Falta ajustar algún detalle del engranaje pero la propuesta gastronómica nace con ambición y proyección.