Diario de Valladolid

PERSONAJES ÚNICOS / JAVIER CAÑUETO

Cuidador del mayor órgano del cuerpo

Es berciano y se trasladó a Salamanca para estudiar Medicina. Desde su especialidad, la dermatología, profundiza en el estudio de tumores de la piel. Participa en un proyecto para determinar los patrones epidemiológicos de los cánceres cutáneos en Castilla y León.

El dermatólogo Javier Cañueto en las instalaciones del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca.-ENRIQUE CARRASCAL

El dermatólogo Javier Cañueto en las instalaciones del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca.-ENRIQUE CARRASCAL

Publicado por
Estibaliz Lera

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El saber hacer de Javier Cañueto es un libro abierto marcado con sus señas de identidad: la búsqueda de la solución, su afán por cuestionarlo todo y su insistencia en llegar al fondo. Esta lucha por encontrar la clave es el reflejo del amor de este leonés por su profesión que exige constancia, sensibilidad, capacidad de escuchar y, sobre todo, amor por la ciencia. Estudió Medicina en la Universidad de Salamanca (USAL) empujado por un programa de televisión, en el que se reproducían intervenciones quirúrgicas en buenas manos. «Las imágenes eran muy explícitas y podían incluso herir la sensibilidad del espectador, pero yo disfrutaba muchísimo viendo cómo se desarrollaban y comprobando cómo se podían solucionar los problemas de algunas personas», relata, muy emocionado, a pesar del paso de los años.

Aquello le fascinó tanto que cambió su vida. Una vida que encomendó a la dermatología. Durante el sexto curso de carrera realizó una beca de colaboración, en la que conoció los entresijos de la Medicina Interna y la Unidad de Medicina Molecular. Allí, fueron capaces de transmitirle, por primera vez, la utilidad de la investigación biomédica: «Me abrieron las puertas de par en par y trasladaron una ilusión que años después sigo recordando y por la que les estoy profundamente agradecido», reconoce el berciano. Y es que en aquel momento comenzó a estudiar el síndrome de Conradi-Hünermann-Happle, una enfermedad relacionada con los trastornos en el proceso de maduración de la piel.

Su primera parada fue el Servicio de Dermatología del Hospital Universitario de Salamanca, donde se rodeó de profesionales «brillantes», de los que aprendió que la especialidad tenía mucho más autonomía de la que pensaba. «Presentaba una parte medica muy extensa, una parte quirúrgica amplia –especialmente centrada en la cirugía oncológica del cáncer cutáneo– y contenía una formación dermopatológica sólida. Aquello hacía que pudiera resolver cualquier problema dermatológico de un paciente sin tener que recurrir a pruebas complementarias», comenta Cañueto.

Durante su formación como médico especialista realizó los cursos de doctorado y comenzó a trabajar intensamente en cáncer cutáneo, sobre la base de lo que después fue su tesis doctoral. Por aquellos años se planteó definir mejor el pronóstico del carcinoma epidermoide cutáneo, que es una forma de cáncer de piel muy frecuente –mucho más que el melanoma– y que afecta a pacientes ancianos que han estado sometidos a exposición solar crónica, por ejemplo por el trabajo en el campo, «algo que en nuestra Comunidad representa un problema de salud muy relevante», apostilla.

En este sentido, explica que el tumor, aunque presenta un pronóstico favorable, ocasionalmente tiene un comportamiento agresivo, con desarrollo de metástasis entre el 2 y 6% según las series y muertes por la enfermedad. «Nos interesaba demostrar por qué algunos casos de carcinoma epidermoide cutáneo se comportaban de una manera agresiva mientras otros no lo hacían, y si existía alguna manera de predecirlo».

En mayo de 2015 leyó su tesis doctoral, dirigida por los doctores Concepción Román y Jesús Pérez-Losada. Obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude por unanimidad. Además, ese mismo año en el Congreso Nacional de Dermatología de la Academia Española de Dermatología y Venereología, presentaron los resultados más relevantes y regresaron a casa con el premio a la Mejor Comunicación Oral.

En la actualidad, su investigación se centra en dos líneas. Por un lado, estudia oncología cutánea y especialmente el carcinoma epidermoide cutáneo. «Nuestros estudios previos nos han permitido comprobar que existen algunas moléculas cuya expresión en el tumor primario se relaciona con un riesgo de metástasis más alto. Sin embargo, no sabemos aún si dichas moléculas son necesarias para el mantenimiento de la propia metástasis. Ser capaces de comprobarlo es importante dado que podrá predecir mejor qué pacientes con un cáncer avanzado pueden responder a un determinado tratamiento o no», señala Javier Cañueto.

Por otro lado, quieren profundizar en el conocimiento de los tumores. Para ello, van a evaluar moléculas implicadas en otras formas de cáncer. También el Servicio de Dermatología de Salamanca trabaja de forma activa en linfomas cutáneos y en la importancia de las células stem –que son las que constituyen un reservorio para el tumor e impiden que la quimioterapia sea curativa– en el melanoma, gracias a una colaboración con el Centro de Investigación del Cáncer de la USAL.

Cañueto participa en un proyecto en el que intentarán determinar la incidencia y mortalidad por cáncer cutáneo en Castilla y León. Lo hará en colaboración con profesionales de Ávila, León, Palencia, Valladolid y Zamora. «Esto será muy interesante porque nos permitirá conocer los patrones epidemiológicos del cáncer cutáneo en nuestra Comunidad y también podrá tener interés para estimar el gasto atribuible a esta enfermedad», expone.

Para el dermatólogo, Castilla y León es una comunidad «con creciente relevancia» en investigación biomédica. Según manifiesta, el Centro de Investigación Biomédica de Salamanca (Ibsal) proporciona apoyo logístico para los investigadores, resuelve dudas, facilita determinadas cuestiones administrativas, asesora en el desarrollo de proyectos y promueve su desarrollo. A esto se une la cantera de «excelentes» profesionales que trabajan duro para convertir la región en un referente. A pesar de ello, el berciano demanda «más apoyos» por parte de la Administración.

Respecto a los jóvenes, considera que, si las condiciones laborales son malas en España, hay un mundo «muy grande» fuera de las fronteras que espera que aportes lo mejor de ti. «Emigrar es ciertamente duro y nefasto para nuestro país, pero también lo fue para nuestros abuelos que tardaban 24 horas en tren en llegar a la frontera francesa en una época en la que no había móviles y en la que recorrer aquello implicaba separarse de la familia durante meses, en los cuales apenas iban a tener contacto con ellos. Creo que también tendríamos que aprender de su valentía», expone.

En su opinión, las Administraciones Públicas están realizando «esfuerzos importantes» como el programa de intensificación de la actividad investigadora, pero «queda mucho por hacer», lamenta. «Deberían existir más programas de este tipo y, sobre todo, pienso que es necesario que la investigación se valore de forma adecuada. Los sistemas de evaluación no tienen muy en cuenta la calidad de los trabajos y la implicación real de un investigador en el desarrollo de los mismos», valora. A su juicio, las rotaciones en los centros de excelencia deberían suponer un valor añadido para nuestro sistema público de salud, «y no siempre es así», sentencia, no sin antes dejar claro que el talento es parecido en unas personas que en otras y lo que les diferencia es el trabajo, una cultura del esfuerzo que, según recomienda, hay que potenciar.

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