Diario de Valladolid

Un blanquivioleta en el Ártico

Gerardo Gallego, el vallisoletano creador en Vancouver de la única peña pucelana en el extranjero, inicia un viaje en bici de 5.000 kilómetros por Alaska hasta el océano para luego a recorrer Canadá de norte a sur

«Me encontraré con temperaturas de cinco o diez bajo cero, con sensación térmica de -15»

Gerardo Gallego, junto a su bicicleta Antonia y con la camiseta y la bandera del Real Valladolid, en la entrada a la Dalton Highway.

Gerardo Gallego, junto a su bicicleta Antonia y con la camiseta y la bandera del Real Valladolid, en la entrada a la Dalton Highway.G.G.

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Las aventuras polares fascinaron al mundo desde principios del siglo XX, cuando el estadounidense Robert Peary se adelantó a Roald Amundsen en la llegada al Polo Norte, con éste y su expedición ya embarcados para hollarlo. El noruego se desquitó haciendo lo mismo con el británico Robert Scott en el Polo Sur, en una pugna seguida por la prensa de forma mundial. El escandinavo aventajó a su rival sólo por cinco semanas.

Ahora un vallisoletano y abonado blanquivioleta seguirá una ruta hasta el océano Ártico, no muy lejos del Polo Norte , que le ocupará entre tres y cuatro meses. No le acompaña una expedición ni se desplaza en barco. Viaja él solo y lo hace a lomos de una bicicleta. Se llama Gerardo Gallego, tiene 47 años y ésta es su segunda aventura sobre dos ruedas.

«La primera fue desde Vancouver, donde viví durante 13 años, hasta diciembre del pasado, con final en la frontera de México con Guatemala. Fue apasionante, descubrí una forma de vida y por eso he repetido», comenta Gallego a este diario.

Este paseo desde la ciudad del suroeste de Canadá (a 230 kilómetros de la estadounidense Seattle) y la separación entre Norte y Centroamérica es de casi 6.000 kilómetros. Para esta segunda aventura disminuye un poco la distancia pero la complejidad aumenta.

«Calculo que recorreré unos 5.000 kilómetros. Empecé en Fairbanks (centro-este de Alaska) el lunes. Llegué cinco días ante de salir, que empleé para preparar cosas que me hacían falta y aclimatarme. Ahora estoy subiendo hacia el Ártico en bicicleta. Cuando llegue a la costa, volveré haciendo autostop hasta Fairbanks, y ya desde allí iré hasta Vancouver, donde acaba la ruta. Creo que llegaré sobre finales de septiembre u octubre».

El recorrido inicial le conduce por una zona de hielo y frío, aun en el verano septentrional. Tras el descanso relativo en autostop, no le espera una tarea fácil. Deberá recorrer media Alaka y todo Canadá, de norte a sur. Gallego asegura que viaja «preparado física, mentalmente y con víveres suficientes» para lo que le espera, aunque a las primeras de cambio le ha surgido un enemigo inesperado.

«Estas primeras etapas están siendo muy duras por los mosquitos. Hay muchísimos. La gente se lo está preguntando, pero es así: en Alaska hay mosquitos. Y es horrible cuando vas en bicicleta. También llevo un espray para ahuyentar osos, pero no son peligrosos si no te acercas».

Trayecto de Gerardo Gallego.

Trayecto de Gerardo Gallego.E.M.

La dificultad se acrecienta en el caso de que el vallisoletano precise ayuda. «No hay nadie por aquí, aunque de vez en cuando te cruzas con algún camión. La ruta que me lleva al Ártico es icónica y se llama Dalton Highway. Es la única carretera terrestre que te deja llegar hasta el Ártico desde Alaska y une Fairbanks con la localidad de Deadhorse, en la costa».

Esta ruta de 666 kilómetros se construyó para abastecer el oleoducto Trans-Alaska y no todo su recorrido está asfaltado.

La temperatura serán otra dificultad añadida a la de los mosquitos. «Ahora estoy a unos 16 o 18 grados muy agradables, pero a medida que me acerque al Ártico, me encontraré a cinco y hasta diez bajo cero. Pero eso no es lo peor. El paisaje es de tundra y como no hay montañas ni árboles, no hay barreras. El aire se mete a cuchillo y la sensación térmica puede llegara los 15 bajo cero».

El pucelano viaja preparado. «Llevo una tienda de campaña especial para esta zona y víveres e intendencia para unos doce días. Me he fijado puntos en los que avituallarme durante toda la ruta. El único pueblo en el recorrido está a 450 kilómetros de la salida y espero poder darme un ducha y recargar baterías. Llegar a Deadhorse creo que me llevará diez días, dependiendo de la meteorología. Quizás habrá algún día que no pueda rodar por el viento y porque llueva».

Sus etapas cubrirán de forma diaria «entre 60 y 80 kilómetros, según las dificultades del recorrido. Hay partes de subida y también habrá que ver cómo está la carretera».

Gerardo Gallego es un aventurero de manual. «No era muy de estudiar pero soy muy trabajador. Con 19 años me fui a Inglaterra buscándome la vida. Después viví dos años y medio en Nueva Zelanda, siete meses en Australia y esos trece años en Vancouver. El 18 de diciembre volví a Valladolid y ahora no sé si cuando llegue a Vancouver me quedaré de nuevo o regresaré a España».

La tierra siempre tira. «Valladolid es mi casa, ahí está toda mi familia. Cuando llegué en diciembre trabajé en la construcción de los talleres de Renfe. Antes también estuve en la empresa de mudanzas familiar. Creo que al 80% me quedaré en Pucela».

La familia fue su puerta de entrada al Real Valladolid. «Siempre lo he seguido, desde muy pequeño. En mi familia somos alrededor de unos veintitantos abonados».

Una profesión de fe que exporta en su aventura ártica. «En mi bici, que por cierto se llama Antonia, van los escudos del Pucela. Yo llevo la camiseta y la bandera blanquivioleta a todos los lugares del mundo a los que he viajado. Son más de cincuenta y cuatro países y en todos tengo fotos con mi bandera y mi camiseta del Pucela. Van siempre conmigo».

Ese amor por el Real Valladolid le empujó a crear su única peña en el extranjero. «Cuando vivía en Vancouver creamos la Peña del Real Valladolid y sigue en pie aunque me haya ido. Somos más de treinta y algunos incluso abonados. Entre los que la componen hay sobre todo gente de Estados Unidos o de México que viven en Vancouver y de antepasados de Valladolid o de cerca. Algunos canadienses se ha apuntado por amistad».

Esta segunda aventura de Gerardo Gallego, al igual que la primera, la lleva a cabo sin esponsorización ni patrocinio alguno. Todo va a cargo de sus ahorros y se le puede seguir en el canal ‘Deja volar tus pajarillos’, en alusión a su bario de nacimiento y disponible en diferentes redes sociales.

«Me he enamorado de este modo de vida porque es apasionante. Ves paisajes increíbles en absoluta soledad y sabes cómo empieza el día pero no cómo va a acabar», concluye el aventurero blanquivioleta.

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