Diario de Valladolid

Por fin acaba la pesadilla

Los blanquivioleta ponen punto final a su nefasta Liga con la visita a un Almería que se juega entrar en la promoción tras acariciar el ascenso directo

Maroto celebra el gol marcado al Almería en el 3-1 de la primera vuelta.

Maroto celebra el gol marcado al Almería en el 3-1 de la primera vuelta.REAL VALLADOLID

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El fútbol es como la vida: nada es eterno. Ni la felicidad, ni el dolor. El éxito de un ascenso, una permanencia o una clasificación europea se apaga con los días para pensar en la siguiente temporada. Una pena.

El fracaso de una temporada apestosa, como la que ha perpetrado por segundo año consecutivo el Real Valladolid, también quedará en nada, aunque su hedor impregne las camisetas más tiempo del debido.

Por eso hay que alegrarse de que esta Liga 25-26 haya concluido sin que los blanquivioleta hayan bajado, que es lo mismo que congratularse de que un atleta complete los diez mil metros sin que le dé el flato o que un nadador haga los cien mariposa sin ahogarse.

Al Real Valladolid no se le exigía el ascenso aunque sí pelear por él. Y una idea clara de juego, sin llegara la excelencia pero, al menos, algo atractiva para el espectador. No ha propiciado ni lo uno ni lo otro. Por eso será una gozada cuando sobre las ocho y media de la tarde acabe esta Liga y el cuentakilómetros competitivo vuelva a cero. Cada temporada abre una nueva vida, en la que no importa lo que fuiste en la anterior. Es lo mejor que le puede pasar a este Real Valladolid.

En realidad su año competitivo finalizó con la victoria ante el Zaragoza y el sellado de la permanencia. Estos tres partidos ante los tres primeros constituyen una forma de comprobar que el Pucela está muy lejos de ellos, además de hurgar en el conformismo de un equipo que sólo compite cuando se ve sin aire. No en vano es el que más tiempo lleva de los 22 de Segunda sin ganar dos partidos seguidos. Fueron los dos primeros.

Este Pucela dio la cara ante el Racing hasta que le dejaron con uno menos, y entonces se descompuso hasta el 4-1. Sólo aguantó al inicio contra un Deportivo que especuló tras el fácil 0-2, lo que le llevó a Escribá a creer que tuteó a un rival que, si hubiese necesitado meter cuatro goles, habría marcado cinco.

Ahora visita a un Almería que ya no puede subir directamente porque no quedan plazas, pero que sí quiere atar su tercer puesto y jugar en casa sus dos partidos de vuelta de promoción, si supera la primera ronda. Si gana, lo conseguirá. Pero su lucha va más allá. Los indálicos pueden quedar fuera de la promoción si pierden. Con 71 puntos, les siguen Málaga y Las Palmas (70), junto a Castellón y Burgos (69). Los cuatro podrían pasarle.

Esta posibilidad parece propia de la ciencia-ficción, visto el reciente afán competitivo albivioleta. El equipo ha vivido dos días en Murcia de excursión fin de curso, pese al suspenso general, con la excusa de las Series Mundiales de Seven en Zorrilla, como si no pudiese entrenar en alguno de los buenos campos de la provincia. Es de desear que estas convivencias hayan acrecentado la unión y con ella el espíritu competitivo de un grupo conformista.

Un posible once lo forman Aceves en la puerta; Alejo, Tomeo, Torres y Garri en defensa; Ponceau, Alani y Meseguer en la medular; Amath y Biuk en los extremos; y Latasa en punta. Completan la expedición Guilherme, Michelin, Jaouab, Clerc, Maroto, Federico y los filiales Álvaro, Hugo San, Galde, Riki, Carvajal y Brain. Son bajas por lesión Bueno, Canós, Ohio, Marcos André y Erlien. Por sanción, Sanseviero, Martínez, Juric y Lachuer. Y por decisión técnica, Chuki.

Un triunfo sería toda una sorpresa para un Real Valladolid que pone el punto final a la pesadilla. Es de desear que sea con honra.

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