Chuki el centrado
El canterano multiplica su rendimiento cuando es mediapunta, como ante el Cádiz, respecto a su más limitada contribución desde extremo, como ante Mirandés y Burgos

Chuki celebra su segundo tanto ante un sonriente Sanseviero, autor de la asistencia.
Hay plantas que necesitan mucha agua para no secarse; otras, con la misma dosis, se pudren. Hay plantas que necesitan mucho sol para crecer; otras, con la misma dosis, se queman.
Hay futbolistas que necesitan jugar lo más centrados posible en el campo para que emerja su mejor juego, con más ángulo de ataque y más posibilidades de creación, pase y tiro. Si se los acuesta en una banda, se secan. O se pudren. Porque no son velocistas y centradores puros. Manejan muchas más variables.
Un par de párrafos bastan para saber que el protagonista de esta historia es Chuki. Ha habido entrenadores que no lo han sabido valorar en su verdadera dimensión. Otros, como Escribá, lo han hecho, pero han querido encajarlo en un lugar que no es para él, como el niño que quiere meter en el rompecabezas el rectángulo en el hueco del cuadrado.
Ante Mirandés y Burgos se comprobó cómo era imposible encajar una pieza que ajustó a la perfección ante el Cádiz, cuando volvió a su lugar natural.
Escribá tiene tendencia al 4-4-2, pero choca con dos problemas para implementarlo en el Real Valladolid: no cuenta con delanteros de calidad suficiente como para justificar el mantenimiento de una pareja, y su mejor pieza de ataque, un mediapunta, se agosta si juega por la banda. La única forma de aunar ambos deseos sería que los cuatro centrocampistas jugasen en rombo, con Chuki en el vértice más adelantado, Juric en el más retrasado, Ponceau cercano a una de las bandas y Federico, Canós o Biuk a la otra.
Demasiado desbarajuste táctico, cuando la pareja en el eje de la medular Juric-Ponceau vive sus mejores momentos. Este dúo es intocable para Escribá y con buen criterio, pues es el que sostiene al equipo en las vertientes defensiva y ofensiva.
El Cádiz actual supone una escasa piedra de toque para comprobar el valor de un equipo, pero ambos fueron los grandes destacados junto a Chuki. Componen el triángulo que marca el carácter del equipo. Cuando no están bien y se pierde la batalla en el mediocampo, al Pucela le suele ir mal. Como suele suceder en el ajedrez, quien domina el centro del tablero está mucho más cerca de la victoria.
Tras lo visto ante el Cádiz y pese a que cada rival obliga a un planteamiento diferente, es muy posible que Escribá se asiente en el 4-2-3-1 para aprovechar todo el caudal ofensivo que despliega Chuki, quien por otra parte se vio favorecido por los huecos que abrió Latasa.