Kenedy, la clave de la salida de Almada
El club blanquivioleta acepta la salida negociada de Almada al Oviedo para prolongar la cesión de Kenedy al Pachuca, propiedad del mismo dueño / La vuelta del brasileño descuadraría las cuentas pucelanas

Darwin Quintana (ex segundo entrenador), Rafael Monge (asesor deportivo del presidente del Oviedo) y Guillermo Almada (ex entrenador), en la Plaza Mayor el pasado verano.
La tarde del domingo fue en el José Zorrilla como la zona de calderas de un buque antiguo. La goleada sufrida por el Real Oviedo en Sevilla tuvo el efecto de toneladas de madera en combustión hasta la madrugada. El propietario del club astur, Jesús Martínez, dueño también del Grupo Pachuca, aceleró una decisión que ya tenía tomada y era cuestión de tiempo: la destitución de Luis Carrión. Ni siquiera se encomendó a su asesor deportivo, Rafael Monge, para dar este paso y el siguiente, con destino Valladolid.
Porque nadie suelta una liana sin tener cogida otra, como hacía Tarzán. Martínez ya tenía el nombre de su sustituto pensado desde hace tiempo: Guillermo Almada. El dueño no se fijó en el catatónico estado del Real Valladolid, sino en su experiencia con el uruguayo. Al frente del Pachuca, en la Liga mexicana, no sólo le dio éxitos deportivos, sino que también le hizo ganar mucho dinero.
Y llegó a media tarde la doble llamada fatídica: al club pucelano y al entrenador. En Zorrilla aseguran que no sabían nada de la intención del Oviedo pese a la buena relación entre entidades con capital mexicano. Y también atestiguan que no existe ninguna presencia accionarial de personas o empresas relacionadas con Pachuca en el Real Valladolid, actuando de forma indirecta.
Ante la sorpresa, Almada fue llamado a capítulo desde el club para saber cuál sería su decisión. La respuesta dejó helados a los dirigentes: quería irse. E insisten en Zorrilla en que ni se esperaban la llamada del Oviedo, ni la respuesta del uruguayo. No se ha hecho un paripé a tres bandas.
En ese momento fue cuando se le dijo por parte de la presidencia que quedaba apartado del club y que no volvería a entrenar. Los dirigentes se sentían traicionados, cuando siempre lo habrían defendido.
El Real Valladolid entendía que no podía obligar a Almada a seguir, pues quería marcharse, pero tampoco lo destituyó. De haberlo hecho, no hubiese podido entrenar al Oviedo. Para marcharse sólo puede hacerlo mediante su fichaje, siendo el destino un club de categoría mayor.
La voluntad de los pucelanos de optar por esta vía no reside sólo en la obtención de una cantidad por la compra, que tampoco sería muy elevada, sino por una que es enorme para el Real Valladolid: la ficha de Kenedy. El brasileño está cedido a Pachuca, propiedad también de Jesús Martínez, y ambas entidades estudian la ampliación del préstamo.
La ficha del brasileño es millonaria, no tiene reducción en Segunda y descuadraría todo el presupuesto anual. De ahí que, en términos empresariales, al Pucela le convenga un buen trato con el Oviedo, sin dejar de apretarle para sacar lo máximo posible por Almada. La única cláusula de rescisión de su contrato era para entrenar a la selección uruguaya. Por eso hay negociación con el Oviedo. De lo contrario, posiblemente se le habría aplicado la cláusula.
Quien tiene ahora prisa es el club carbayón, para tener entrenador de cara a su partido del sábado en el Tartiere ante el Celta, tercer mejor visitante tras Real Madrid y Barcelona.
Lo curioso en el Real Valladolid es que seguía confiando en Almada pese a los gritos de la afición en su contra y valoraba su trabajo, aunque sabía que la actual situación no se podía sostener eternamente y un mayor enfado de la grada supondría su destitución. Por eso ya se había activado la lista de posibles relevos del uruguayo desde hace semanas.