Almada agota la confianza
Los dos próximos encuentros ante Huesca y Andorra serán vitales para el futuro del entrenador, que sólo suma una victoria en sus últimos seis partidos de Liga / El Pucela, a once puntos del ascenso directo

Almada se queja durante el partido ante el Málaga.
‘Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo’. La cita está mal atribuida a Einstein, pero bien podría haberla firmado el padre de las teorías de la relatividad general y especial. De la que sí se tiene constancia es de la de Edison, cuando por fin inventó la bombilla, después de múltiples pruebas: ‘No fracasé, sólo encontré mil maneras distintas de cómo no fabricarla’.
La zona de vestuarios del Real Valladolid, tan dada a escribir en sus paredes mensajes motivacionales, podría plantar ambos en el vestuario de Guillermo Almada. Si se repite una cosa que sale mal, se fracasa. Si se buscan vías alternativas, acaba floreciendo la buena.
El míster pucelano siempre alude al «trabajo» para intentar cambiar una racha negativa en la que sólo ve de forma cerril el fallo en el remate. Existe, pero no es lo único. Él sin embargo sigue a piñón fijo con el mismo trabajo, intentando que los resultados sean diferentes. En el fondo, y aunque ni él mismo se haya dado cuenta, es una forma de considerar limitados a sus jugadores.
Su rueda de prensa del sábado fue de casi desesperación, pidiendo a prensa y afición que veamos lo obvio. Y es visible, cómo no, pero hay que profundizar más capas para no observar sólo la superficie del problema, sino su núcleo. En el mejor de los casos, buenos rematadores enmascararían problemas de concepción de juego del uruguayo, incapaz de implementar un fútbol asociativo con cierto orden táctico constante, y no a tirones. Los jugadores suelen perder el guión del juego a medida que pasa el tiempo, y es por la ineficacia de la propuesta.
No hay orden táctico más o menos constante -dentro de los vaivenes de un partido- con una personalidad de juego definida, apenas existe juego interior, los extremos centran a pie cambiado, no se solucionan los problemas tácticos que plantea el técnico rival, con muy poco le hacen gol por falta de balance defensivo... Ningún futbolista es ahora mejor que antes de comenzar la Liga. Excepto Guilherme. Que en dos meses seguidos (y va para tres) el mejor jugador sea el portero, es para que el míster reflexione.
Por ahora seguirá tranquilo en su puesto, pero la espada de Damocles ya se ha atado al techo. En el club saben que no se puede mantener este ritmo de puntuación. No por la lejanía respecto al ascenso, sino por la proximidad del descenso. Los dos primeros están ya a 11 puntos, poco después de cumplirse el primer tercio de Liga. Y la zona roja se sitúa sólo a 3 puntos. El consuelo es que la zona de promoción se halla también a una victoria de distancia. A no ser que cambie mucho el libreto, parece la forma de luchar por el retorno a Primera, pues Deportivo, Racing, Almería yLas Palmas se destacan. La Segunda es terreno abonado a las rachas, pero es muy difícil que tres de cuatro pinchen para que se cuele el Pucela en ascenso directo, con o sin Almada.
El charrúa cuenta con los partidos ante Huesca y Andorra como oportunidades para reflotar al equipo. Una sonora derrota en Aragón podría costarle el puesto, pero perder, aunque de forma honrosa en El Alcoraz y hacerlo ante los del Principado podría llevarle a pasar la Navidad en su tierra. Orta no se ha pronunciado, pero los directores deportivos defienden a su entrenador hasta que se pone en cuestión la calidad de la plantilla que han confeccionado. Es un clásico.
Si todo se reduce a un problema de gol, Almada puede preguntarse por qué no eliminó en Copa al Portugalete. ¿Son tan malos sus atacantes que no marcan a un equipo de quinta división?