Adiós a Edú Manga, estrella fugaz del Real Valladolid
El mediocentro que maravilló a la afición pucelana en la temporada 96-97 fallece a los 58 años

Edú Manga, arriba, el primero por la izquierda, en una alineación de la temporada 96-97.
Una de las apariciones más efímeras pero de mayor enjundia que ha vivido el Real Valladolid en sus últimas décadas fue la de Edú Manga. El futbolista brasileño ha fallecido a los 58 años a causa de una enfermedad renal en un hospital de Barueri, un municipio del estado de São Paulo, según confirmó la Federación Paulista de Fútbol.
Eduardo Antônio dos Santos llegó a Zorrilla en la temporada 96-97 con 29 años y casi como un completo desconocido, pese a haber sido internacional con Brasil. Era una época en la que en un año se podía llamar a decenas de jugadores para formar parte de la canarinha y así hacer subir su caché, de acuerdo con sus agentes.
Sin embargo enseguida se vio que Edú Manga, cuyo apodo le fue puesto por el de la fruta (variedad del mango) era algo especial. De hecho no se ha vuelto a ver un centrocampista en Zorrilla como él.
Presionaba hasta la extenuación, robaba el balón, lo subía, daba pases abriendo para provocar el centro o creaba asistencias de gol con pases de precisión quirúrgica cortando las línea defensivas del rival. Edú puso de moda las rabonas en España. Zurdo cerrado, era más eficaz centrado y disparando desde la derecha pasando su pie izquierdo por detrás de la pierna opuesta, que intentándolo con el pie derecho.
Sólo le faltaba el gol, pero el brasileño dejó esa temporada boquiabierta a la afición y se preguntaba lo que le iba a durar en la plantilla. Jugó 37 de los 42 (fue la Liga de 22) partidos del campeonato. Edú, desde siempre con un rendimiento irregular, estaba especialmente motivado esa temporada de cara a entrar en la lista de Brasil para el Mundial de Francia 98. En épocas de un internet aún balbuceante, solía preguntar a los periodistas si sabían si Mário Lobo Zagallo seleccionador brasileño, había dicho algo de él.
Esa temporada 96-97 fue la última brillante del Real Valladolid, séptimo en la Liga y clasificado para la Copa de la UEFA. Todo iba sobre ruedas hasta que al inicio de la temporada siguiente Vicente Cantatore fue destituido. El chileno era un padre para él y Edú, ya sabedor de que Zagallo no contaba con sus servicios, bajó los brazos hasta el punto de jugar sólo 13 partidos por su escaso rendimiento. Su trayectoria volvía a los dientes de sierra.
Antes de llegar a Pucela había jugado, además de en Brasil, en México, Ecuador y Japón. Tras su aventura en Zorrilla volvió a mostrar su carácter nómada con postas en Chile y cuatro equipos de Brasil, además del Logroñés en España. En ninguno brilló como en el Pucela, donde aún es recordado pese a su breve estancia.