Diario de Valladolid

De la pasión al divorcio en siete años

Valladolid ha pasado de adorar al presidente de club más famoso del mundo a pedir que se vaya después de sus reiterados desplantes y de ser incapaz de fraguar un proyecto

Ronaldo, en su primer ascenso con el Real Valladolid.

Ronaldo, en su primer ascenso con el Real Valladolid.RED X

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La historia de las siete temporadas de Ronaldo Nazário al frente del Real Valladolid ha sido un ‘Bienvenido Mr. Marshall’ a cámara hiperlenta. El brasileño ha pasado de largo y en slow motion por Pucela durante este septenio en el que ha sido el embajador y figura de referencia del club pese a que su contribución económica fue menor que la de otros inversores apostados en segundo plano.

Su labor era ser la cara del club, eso sí, con plena potestad para tomar decisiones deportivas. Todo esto, a cambio de un millón de euros. No estaba nada mal. Oficialmente pagó 30 millones por el 51% de la entidad, vía Tara Sports 2018 SL. Después aumentaría el porcentaje con una aportación personal, hasta el 82,77%. Después, todo volvió a Tara para preparar la venta.

Ronaldo de inicio se involucró con el club y su futuro. Se buscó una casa en Simancas y aprovechaba su fama y reciente vinculación con el club para darse baños de multitud. La ciudad estaba feliz. Tenía el presidente más famoso del mundo.

Se encontró con un club en Primera, a causa de la resurrección que experimentó con Sergio, cuando contaba con hallarlo en Segunda. Aguantó en la élite en sus tres primeras temporadas, de la 18-19 a la 20-21 pero en la última, con los estadios vacíos por la covid, el equipo bajó sin haber buscado relevo al catalán, lo que probablemente no hubiese pasado con los seguidores en el campo.

Desde entonces el equipo se convirtió en un ascensor y la especulación con la venta de los mejores jugadores se convirtió en norma. Había que hacer caja. El Pucela encadenó desde entonces tres descensos y dos ascensos de forma alterna, sin saber asentarse en la élite.

Las plantillas eran justas. Porque una de las características de la era Ronaldo fue la ausencia de inversión. No hubo más inyección económica que los 6 millones del pasado verano, obligados para poder competir. Y salieron en su mayoría del traspaso de Boyomo a Osasuna. Un regalo, viendo el potencial del jugador.

La relación de Ronaldo con la hinchada se fue deteriorando tras el primer trienio y la montaña rusa entre Primera ySegunda generó una desafección cada vez mayor con el presidente, quien en 2019 dijo que en «cinco años, lo normal es que el Valladolid esté peleando por un puesto en la Champions».

Tras Sergio llegó Pacheta al banquillo. Después, Pezzolano, quien esta temporada abrió la espita de nada menos que tres cambios de entrenador, con dos estadías de Rubio y una de Cocca.

Con el tiempo cada vez el club pensó más en hacer caja y menos en lo deportivo. Ayudado el compra por el fondo de inversión Ben Oldman Partners, se había fijado cinco años o seis para hacer negocio. Al final fueron siete.

Episodios como el cambio de escudo ayudaron a romper una relación quebrada de forma definitiva esta temporada, la peor en la historia pucelana en la élite. El ‘Ronaldo go Home’ fue casi unánime. Sólo apareció por el campo en el primer partido. Luego, la nada. Como los Cadillac americanos que se alejaron de Villar del Río sin saludar al pueblo ni a su alcalde. Ronaldo también debe una explicación a su afición, pero nunca la va a pagar. Total, no era el que mandaba.

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