Un once de sube y baja
Rubio no ha sabido encontrar una alineación tipo que sea reflejo de la meritocracia, sino que distribuye minutos para que casi todos los jugadores estén contentos

Rubio escucha a Latasa tras la goleada infligida por el Getafe (0-4) en Zorrilla.
A Álvaro Rubio, de una bondad casi franciscana, le ha caído el marrón del siglo con el banquillo del Real Valladolid, al que ha llegado por el procedimiento inverso al habitual: no le nombró la dirección deportiva, sino los jugadores, hartos de Cocca (suena raro pero se escribe con dos ces), que era muy duro y no caía bien.
Un aspecto este último (el de caer bien, no la dureza), que explica el mismo procedimiento por el que Paniagua relevó a IñakiMartín en el hermano blanquivioleta de la camiseta de tirantes. Donde está Ronaldo mandan muchos y al final no manda nadie.
La cuestión es que cuando un equipo va bien, no cambia de entrenador. Y el recién llegado a esa caja de bombas que suele ser un conjunto en crisis, debe pasar por encima de quien sea y de lo que sea para lograr resultados, si tiene ambición profesional. Arrugarse es caer y quizá truncar una carrera en ciernes.
Rubio no ha sabido encontrar un patrón competitivo en el Real Valladolid. El hecho de que el dolor de las dos últimas derrotas por la mínima sea menor, no debe enmascarar la gran falla que el míster no ha sabido subsanar: la plantilla es mala, pero no en tal grado como está dejando ver bajo su mando. Desde que retomó las riendas del equipo, suma un punto de 33, con tres goleadas (Athletic 7-1, Getafe 0-4 y Betis 5-1).
La racha sin ganar del Pucela es la mayor de su historia. Desde aquél 1-0 de enero al Betis (con Rubio al mando, en su primera etapa), ya son 16 los partidos consecutivos sin victoria que suman los blanquivioleta.
Quizá esta racha de caída en barrena sea la que impulse tantos cambios de alineación, o bien la nula consistencia del equipo se deba a los mismos y a unas sustituciones que demasiado a menudo no hacen sino empeorar el juego y que son tan simples que se suelen circunscribir al cambio de hombre por hombre, sin variar el dibujo táctico más que cuando ya se juega a la desesperada. Es tan evidente como el incremento del ritmo que experimenta el Real Valladolid durante escasos minutos tras recibir un gol.
En la portería Hein es el titular y durante su lesión ha jugado Ferreira. En Mallorca, Rubio pudo ya elegir entre ambos y dio continuidad al portugués, que está en propiedad. Habrá que ver qué pasa el martes ante el Girona, porque ambos alternan buenas paradas con fallos de libro.
La defensa es territorio de ciencia-ficción. El lateral derecho presenta la dicotomía entre Candela y Luis Pérez, única en el mundo. Uno para casa y otro para fuera, como si fuesen uniformes. Difícil automatizar tareas como fijar las marcas o tirar las líneas con ese trasiego constante. Hay equipos tan bien trabajados que juegan de memoria salga quien salga, pero no es el caso.
El lateral zurdo es curioso. Silva llegó fuera de mercado para ver si la temporada que viene lo fichan, en una operación que en lo económico huele peor que el pescado de una semana. Quitó el puesto a Aznou pero su baja forma fue tan evidente que éste volvió... aunque tampoco está en propiedad.
El centro de la zaga era para Javi Sánchez y Torres. Con los dos lesionados, Aidoo es el tercero, pero también está tocado. Sólo quedan Cenk y Cömert pero... un momento. En Palma el suizo sale de mediocentro, pese a que no hay centrales, y Candela, al que tocaba banquillo, por jugar fuera, pasa al eje de la zaga. Juric estaba viviendo sus mejores partidos como medio defensivo, razón suficiente para relevarlo.
¿No se lo cree? Mire a Moro y Machis. El segundo suple a menudo al primero y hasta le quitó la titularidad en un partido. Al mejor jugador, de largo, del equipo. La pistola de agua por delante del Magnum 45. Y la meritocracia, olvidada.
Se comprueba también con Amallah, persistente titular habitual pese a que sólo tiene dos velocidades: andar y trotar. No cuenta ni con marcha atrás para defender.
El extremo derecho oscila entre Anuar e Iván. El que lo hace bien suele ser después suplente. También entra Chuki en la ecuación. Aunque sea mediapunta, se desenvuelve bien, pero no tanto como en su puesto. El cuarto habitante de esta zona de cuatro ofensiva está muy abierto. Caliente, que le puede tocar. Grillitsch va andando y a veces juega. Todo es posible. Y cuando lo hace medio bien, sale Nikitscher. Y al revés.
Arriba hay dos opciones: Sylla y luego Latasa, o Latasa y luego Sylla. En ocasiones sale Marcos André, pero algo gordo debe haber hecho cuando el jugador más completo de la punta parece castigado, como si fuese un aficionado.