Diario de Valladolid

Asfixia en la élite

Pezzolano sólo ha sumado en sus dos temporadas incompletas que lleva en Primera 21 puntos de 75 posibles / Es menos de uno por partido, con cifras de descenso

Paulo Pezzolano, durante el entrenamiento del Real Valladolid del lunes.

Paulo Pezzolano, durante el entrenamiento del Real Valladolid del lunes.PHOTOGENIC

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Paulo Pezzolano tomó el equipo en Primera División y lo tiene en la misma categoría dos temporadas después. Escrito así, parece la narración de una dulce travesía por mares calmos, pero nada más lejos de la realidad. Las singladuras anuales del uruguayo han sido sucesiones de tormentas con un descenso, un ascenso directo en el último e inesperado golpe de viento y una actual amenaza de hundimiento total, con el agua entrando en los camarotes cuando ni siquiera se ha cubierto la mitad del trayecto.

La relación de Pezzolano como entrenador de la élite española se circunscribe a los dos tramos de temporada que ha vivido con el Real Valladolid. Y las cifras no aguantan más que para atarlo al mascarón de proa, como hacían los piratas.

Porque en el mundo del fútbol todo es relativo excepto los números, empezando por los de la clasificación. Pezzolano ya escribió en su cuaderno de bitácora un descenso, tras tomar al equipo fuera de los tres últimos puestos, y lleva camino de repetir fracaso si el club le permite su continuidad y el míster no logra mejorar las cifras de un equipo colista y con los peores números de toda la élite.

Pezzolano relevó a Pacheta tras la 27ª jornada de la temporada 22-23. El burgalés tenía al Real Valladolid en la decimosexta plaza, pero con su sucesor el equipo perdió dos escalones, de forma que bajó a Segunda. Los once partidos del uruguayo se saldaron con tres victorias, tres empates y cinco derrotas. Los goles a favor fueron 13 y en contra, 19. El total de puntos acopiados fue de 12, un 36% del total en disputa.

Un empate, el último en Zorrilla ante el Getafe, tuvo el sabor de una derrota, ya que con un sólo gol el Pucela se hubiese salvado, pero ni siquiera llego a tirar a a puerta entre palos, en uno de los ejercicios de impotencia mayores que se recuerdan en el feudo blanquivioleta.

Sólo el Espanyol, que también descendió, fue peor que el Real Valladolid, de entre los equipos de la zona baja, en ese tramo de once partidos que dirigió Pezzolano. Los otros con menos puntos en ese lapso fueron Celta y Rayo, salvados semanas antes y sin nada en juego.

Si las cifras del charrúa fueron pésimas hace dos años, pues se le esperaba como revulsivo y acabó como enterrador, las actuales son aún más negativas, tras el interregno del año de Segunda con una mejor plantilla y ante rivales más asequibles.

El actual Pucela no sólo es el peor de su historia en la élite en las últimas jornadas de Liga, sino que no ofrece ningún atisbo de mejoría, pues el divorcio entre lo que pretende el entrenador y lo que se ve en el campo es escandaloso.

Las cifras confirman que esta versión 24-25 del conjunto de Pezzolano es aún peor que la 22-23. Tras 15 jornadas, los blanquivioleta han ganado dos partidos, empatado tres y perdido nueve. Son, junto al Getafe, el equipo que menos marca (10) y, en solitario, el que más recibe (27). Este Real Valladolid suma 9 puntos, que suponen un inasumible 21% del total en disputa.

Sumando las cifras de ambas temporadas, el suramericano ha estado al frente del Pucela en 25 partidos, con cinco victorias, seis empates, catorce derrotas, 23 goles a favor y el doble (46) en contra. Suma 21 puntos de 75 posibles, el 28% del total.

No sólo Pezzolano atesora más derrotas que empates y triunfos juntos, sino que lleva una media inferior al punto por partido. Y eso contando con el tramo de la temporada 22-23, mejor, aunque parezca difícil, que el actual, en el que suma algo más que un punto de cada cinco en juego.

Pero el detalle que estremece es el de la proyección de la puntuación actual. A este paso, el Real Valladolid acabaría la Liga con 24 puntos. A ver qué club y qué afición lo aguanta sin reaccionar.

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