Diario de Valladolid

El muñeco de Duracell

La gripe minimiza a un Carramimbre desconocido, pesado de piernas, temeroso, errático y sin ritmo en la final ante el Delteco

JUAN MIGUEL LOSTAU

JUAN MIGUEL LOSTAU

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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No era el día ni muchos menos para hacer historia. Las sensaciones no eran buenas. La semana previa,  marcada por una inoportuna y fatal gripe colectiva, dejó al Carramimbre, el mejor equipo en ataque de la LEB-Oro, varado en una duna. La duna de la impotencia. Desconocida a todas luces como marca esos pírricos 55 puntos cuando su media superaba los 81. El conjunto de Hugo no andaba. Desde los primeros compases se pudo ver que sus piernas estaban pesadas y que la mirilla de sus jugadores estaba claramente desviada. Porque el Carramimbre no perdió la final en defensa, su principal temor ante la batería ofensiva que acreditaba su rival con su americano Dee a la cabeza. Tampoco la perdió por las prestaciones de un rival frenado en seco por el miedo de su entrenador. La Copa Princesa se perdió en ataque con porcentajes paupérrimos con especial mención para la obsesión del lanzamiento de tres puntos. Ahí, desde la línea de 6,75 metros, el Carramimbre, pesado de piernas, temeroso, sin apenas ritmo y sobre todo errático, cavó su tumba. El 4 de 29 lo dice todo como el 0 de 10 de un tercer cuarto de impotencia y carencia de ideas.

La ‘maldita’ gripe hizo estragos. Primero con la derrota después de dos prórrogas sufrida en Melilla y después con la batalla para la historia que se quedó sin historia, siempre a merced de un rival que sin hacer grandes florituras y con una rotación de tan solo nueve jugadores desarboló por completo a un Carramimbre al que, quizás le pesó también el exceso de responsabilidad. La responsabilidad que acredita la historia de las ultimas once finales de la Copa Princesa en las que siempre, menos ayer, ganó el equipo de casa.

En apenas dos minutos se pudo ver, con el 0-8 de salida, que el deseo y el corazón iban a tener complicado dominar al cerebro y las piernas. Errores en ataque sumados a los problemas que tuvo el equipo de Hugo López de salida defendiendo el juego de rombo del Delteco y la defensa del bloqueo directo. Impotente, el Carramimbre, a remolque durante los 40 minutos, sólo funcionó a golpe de espasmos. Espamos que provocaron la calidad de un Bartley convertido en islote y el deseo de un Leimanis agotado.

Con la luz de reserva en las pilas parpadeando ya desde el primer acto, Hugo López intentó cambiar  la suerte echada del partido con una defensa zonal 2-3. El objetivo de cortar de raíz la productividad ofensiva de un Delteco sin soluciones aportadas desde su banquillo se consiguió , sí, pero no tuvo la continuidad mínima requerida de medio campo hacia arriba. Ahí y obcecados en el triple, llevó el barco a encallar ante los sudores fríos de un Marcelo Nicola que vio el miedo de cerca. Y es que pese a todo, con poco, muy poco, el Carramimbre volvió a la vida a 2.42 para el final después de recortar a cuatro (55-59) una desventaja que llegó a ser de hasta 13 puntos en varias ocasiones.

Un incomprensible error en el pase de Adekoya provocó un contraataque del Delteco para lograr la bocanada de oxígeno definitiva y quitarse el sudoroso miedo de encima. El Carramimbre, extasiado y sin pilas, ya no consiguió ver aro claudicando y cediendo el trono de la Copa Princesa a su rival (55-62).

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