El adiós del capitán de la eterna juventud
Fernando Hernández se retira tras 24 años en lo más alto y un palmarés envidiable
-PABLO REQUEJO / EL MUNDO / J. M. LOSTAU
Fernando Hernández, el jugador de la eterna juventud, escribió ayer su último capítulo a los 46 años. Adiós a sus lanzamientos increíbles desde el extremo. Adiós a su rosca prodigiosa. Lo hizo mediante una rueda de prensa. Un solo ante el peligro de los micrófonos que sirvió de despedida ya que no pudo hacerlo desde la cancha. Su retirada llega tras no superar una lesión en el hombro que le ha tenido en el dique seco durante los últimos quince meses, una dolencia que se produjo en la campaña 2017-18 en un partido contra el Teucro. «Siempre dije que el día que no pudiera rendir con el nivel de exigencia habitual en mí, dejaría el balonmano», afirmó el extremo. Y ese día ha llegado.
Después de 24 temporadas batallando y goleando en la Liga Asobal, el final de Fernando Hernández ya está aquí. No pudo hacerlo desde la cancha, por eso aprovechó su comparecencia para agradecer «el apoyo de mis padres y hermana», «el cariño del público», «la paciencia de sus hijas por robarles mucho tiempo de estar con ellas», a los servicios médicos y la Fundación Municipal de Deportes. El 10 de Huerta del Rey reconoció que en los últimos meses «el dolor» ha sido insoportable. Incluso por las noches. Sus miles de lanzamientos desde el extremo, esos que le dieron tantas alegrías, le hacen ahora poner el freno por «un hombro desgastado». Una subluxación de la que aún no se ha recuperado y que le hace escribir su última página de un libro histórico.
Fernando es el jugador vallisoletano con mejor palmarés de la historia. Deja atrás 120 internacionalidades con España, el histórico Mundial de 2005 en Túnez con Pastor, un subcampeonato europeo en 1996 y una medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de 1996. En clubes: una Liga de Campeones, una Recopa de Europa, 2 Ligas, una Copa del Rey, tres Copa Asobal, tres Supercopa de España y una de Europa y una Copa EHF. En la Liga Asobal ha jugado en 23 temporadas más de 600 partidos entre Valladolid, Ademar, Barcelona y Portland, póker de históricos del balonmano. Pero sobre todo, un hombre bueno del balonmano, siempre dispuesto a ayudar y a comenzar de nuevo. Como hizo cuando se embarcó en la aventura del Atlético Valladolid. Allí ha ejercido de cicerone durante varios años de las jóvenes promesas.
al balopal
El futuro de Hernández seguirá ligado al balonmano ya que cuenta con el título de entrenador nacional desde hace tres años. Tal y como adelantó este periódico el pasado 10 de julio, será el encargado de dirigir al Pizzería La Nonna Balopal de Primera División Nacional, categoría en la que también milita el BM Delicias, Balonmano Arroyo y el repescado UVa. No obstante, su pasión por el balonmano le hará seguir vinculado al Club La Victoria para ayudar a los más pequeños desde la base. También dejó la puerta abierta a una posible vuelta al Atlético Valladolid. Aunque no estuvo nadie del club en su despedida (sí estuvieron su exentrenador Nacho González, Javier Larrea y Francisco Gallego) le gustaría regresar en un futuro, después de que este año haya entrenado al equipo del Centro Penitenciario de Valladolid. «Dejo la puerta abierta y me haría mucha ilusión volver».
Se acaba una generación de oro, la del Mundial de Túnez 2005, que cambió el pensamiento sobre todo un deporte. Entrenado por Juan Carlos Pastor, de aquella escuadra solo quedan Raúl Entrerríos y Juan José Hombrados, tras el adiós de Juanín y ahora de Fernando.