Bajo la ley de Newton
Acción y reacción de un Carramimbre que salió a comerse el mundo, que se durmió en los laureles y que volvió a despertar ante un Canoe al que le otorgó vida de forma innecesaria
Álex Reyes lanza liberado uno de los cuatro triples que logró en el primer cuarto ayer contra el Canoe.-M. Á. SANTOS
El baloncesto a veces no te da segundas oportunidades. Y ayer podía haber sido uno de esos partidos en los que la indolencia de los jugadores unido al ‘hala, me enfado, y os vais a enterar que no dirijo’ por parte del entrenador, a punto estuvo de costarle el partido a un Carramimbre superior pero que de forma incomprensible, por momentos, se dejó comer la tostada. Ahora se entiende qué ocurrió en Madrid cuando el Canoe en la primera vuelta sacó los colores al equipo de Paco García.
Y es que cuando las ‘ardillas’ sufren una desconexión (en todos y cada uno de los componentes de la plantilla) como ocurrió ayer en un tercer cuarto para olvidar, se sufre de forma innecesaria aún sabiendo que se es mejor. Pero cuando un equipo como el Carramimbre, que llegó a ir mandando por 17 puntos (47-30 a 2.40 para el descanso), da paso a los experimentos (minutos para el 12º jugador) y fruto del cabreo opta su entrenador por no parar el partido con un simple tiempo muerto, pasa lo que pasa. El Canoe, sin hacer prácticamente nada sumido en la anarquía y enfermedad del triple, resucitó cuando iba camino de ser apaleado ayer en el Pisuerga. Porque el Carramimbre, con un Alex Reyes excelso, cada vez más jugador y en estado de gracia con cuatro triples sin fallo, parecía una apisonadora que hizo abrir y reabrir la pregunta de cómo fue posible caer en el Pez Volador en la primera vuelta.
El Carramimbre parecía un ciclón... pero antes de la desconexión, incomprensible desconexión. Con el partido desbocado y con pocas ganas de defender visto el acierto inicial de cara al aro, el Carramimbre se dejó llevar con la condescendencia de su entrenador Paco García que abrió, como luego reconoció en la rueda de prensa, la puerta para que entrara el miedo que diera paso a la reacción.
Fue esa tercera ley de Newton en la que si un cuerpo actúa sobre otro con una fuerza (acción), éste reacciona contra aquél con otra fuerza de igual valor y dirección, pero de sentido contrario (reacción). El Carramimbre perdió la ventaja dando vida a un Canoe que entró en el último acto un punto abajo (65-64) y que tuvo varios balones para ponerse por primera vez por delante (74-73). Pero la lógica en esta ocasión se hizo presente en Pisuerga y con un simple 5-0 la resistencia, honesta y a la vez valiente resistencia del Canoe se vino abajo. El Carramimbre caminó en el alambre ante un rival menor y eso le valió para sacar el partido adelante y ganarlo de una forma, quizás exagerada (17 puntos), para seguir soñando con el playoff.