A roVAR y a callar
Si no existe una campaña arbitral contra el Real Valladolid, lo están disimulando mejor que Mortadelo con sus disfraces. Un partido tras otro, el VAR, este engendro electrónico por el que suspiré veinte años y al que deseo la destrucción total, masacra a los pucelanos.
Claro que la culpa no es del mecanismo, sino de quienes lo manipulan. Si das a un mono una espada láser, no hará el mismo uso de ella que un caballero Jedi. Por eso, tras el enésimo y descarado error del VAR en contra de los blanquivioleta (ni una vez ha actuado a favor), da la impresión de que éste se ha constituido como coartada para la parcialidad y no para deshacer situaciones injustas, que es todo lo contrario. No es raro que muchos aficionados piensen que al Real Valladolid primero se le para el partido y después se le busca algo para justificar la anulación de un gol o la señalización de un penalti en contra.
Repasemos la jugada del gol anulado: Plano tira desde lejos, raso. El balón pasa entre un bosque de piernas, con cuatro jugadores del Levante delante de su portero, y tres del Real Valladolid más ladeados. Gol. Nadie protesta en el equipo local. Ni siquiera la afición. Pero Jaime Latre, a instancias de Hernández Hernández, árbitro de VAR, lo anula tras más de cinco minutos de consulta, por fuera de juego posicional.
Esto vulnera completamente el espíritu con que se creó el VAR. Primero, porque quien puede estar, si lo está, en orsay, no incide en la jugada. Se comprueba con un par de visionados. Segundo, porque si alguien tapa al portero, son sus compañeros, no sus rivales. Del mismo modo que ante el Sevilla defendí que Toni influyó en la visión de Vaclik, en el gol bien anulado a Ünal, ayer ningún blanquivioleta tapa a Oier. Y tercero y principal, el VAR se creo para evitar «errores claros y manifiestos». Si una jugada necesita de más de 5 minutos para ser desentrañada, no puede ser incluida en ese epígrafe. Como el penalti pitado a Antoñito ante el Getafe en Copa.
Pero hay más. Las formas. Sólo desde la ignorancia o la maldad puede entenderse que el árbitro elegido para este encuentro sea el más suave de la categoría, con el que los equipos visitantes nunca han ganado, y que al frente del VAR esté quien prevaricó deportivamente en el famoso Valencia-Real Valladolid, señalando un fuera de banda a favor de los pucelanos y cambiándolo de sentido, por soberbia, sólo porque tardaban en sacar. Era la última jugada del partido y los locales marcaron el 2-1. Un hecho que debió descalificarlo deportivamente.
Claro que lo peor no es que te meen en la cara. Lo peor es que para no enfadar al que te mea, digas que está lloviendo. Y tanto va el VAR a la fuente, que al final creeremos que la lluvia es de color amarillo y que es normal que una micción profusa y reiterada, tenga la misma consideración meteorológica que un chubasco aislado que se da cada fin de semana. Como esa pequeña nube que perseguía a la Pantera Rosa para echarle agua allá donde iba. En Zorrilla se considera inevitable.
El Levante se sintió agraviado por algunas actuaciones del VAR en la Liga que consideraban injustas, y protestó. En Zorrilla impera la ley del silencio con Ronaldo, igual que estos años atrás con Suárez. Ahí están los resultados. Hay gente que siempre va por la misma carretera y siempre se despeña, pero le da igual. Como para pensar mal.