Equipo sin alma
El Valladolid B cae (0-1) en su feudo a causa de las bajas y de su triste y ramplón juego / Ni un tiro entre los tres palos en los 90 minutos / La zona de descenso se acerca a dos puntos

Mario remacha el balón a la red, con su compañero Samu tirado en el suelo, tras el gol de Coruxo.-MIGUEL ÁNGEL SANTOS
Anda el Promesas tristón y deambulante por la Liga. Parece que el tiempo está descosiendo costuras en vez de reforzarlas, de forma que su juego de conjunto se compone con hilvanes que se rompen cuando un rival tira fuerte del equipo.
Fuera ya se ha visto. Ni una sola victoria a domicilio. En casa ayer tocó la versión ramplona, sin alma, como si jugar al fútbol fuese un castigo mirando a la pared, en vez de motivo de felicidad por hacer lo que más gusta.
Nunca llegó el Real Valladolid a mostrar juego de conjunto durante la matinal frente al Coruxo. Ni un tiro a puerta entre los tres palos en todo el partido. Sólo un cabezazo del bravo lateral Corral, tirándose en plancha y desde lejos, que no constituyó peligro para Alberto.
Las bajas diezmaron al filial. Sobre todo la de Waldo, jugador que ya se ha vuelto imprescindible en ataque. Tiene velocidad, verticalidad y puntería, cualidades que ayer huyeron de los Anexos. El panorama alumbrado por los jugadores de ataque fue desalentador. A Pedrosa aún se le espera, Zalazar es demasiado a menudo inocuo y Gil se halla lejos de su mejor versión. El juvenil Víctor puso poco más que ganas... que ya es bastante cuando los demás no es que vagueasen, sino que daban la sensación de jugar con depresión.
Ni un desmarque de ruptura, ni un uno contra uno, ni un dos contra uno por las bandas... el juego pucelano era previsible, espeso e inofensivo. Todos los ataques y contras se formulaban con dos futbolistas, tres a lo sumo. Uno centraba y otro o dos esperaban.
Claro que desde atrás no ayudaban. El Hacen y Kike se mostraron firmes en el corte pero su producción en ataque fue nula. No fueron capaces de filtrar envíos en profundidad, aunque tampoco les generaban huecos ni líneas de pase los de arriba.
Precisamente un error de pase del firme El Hacen fue preludio del gol. Perdió el balón en la medular y propició una contra viguesa. La jugada parecía morir en la banda, cuando un centro fue aprovechado por Justo para rematar raso y seco a la red. No, tampoco fue el día de los centrales, en especial de Mario, que flirteó con la expulsión.
Quedaba media hora y hubo cambios. Pero se jugó con balones lejanos que se perdían más allá de la cal. Ni con bajas tiene justificación un partido sin fútbol.