Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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El fútbol nunca transcurre en línea recta. No es la estela de un cohete. Más bien traza su trayectoria en meandros. A veces llevan corriente a favor, como el Real Valladolid que arrancó 13 puntos de 15 posibles. El mejor equipo de Primera en ese lapso. En otras ocasiones son pantanosos. Lo demuestra el mismo equipo pucelano. Sólo ha capturado 2 de los siguientes 15. El peor de la categoría, junto al colista Huesca.

¿Cuál es la verdad del conjunto de Sergio? Probablemente, el punto medio entre ambas rachas. No se trata de ir de centrista por la vida, sino de ser consciente de que era tan imposible mantener el ritmo desaforado anterior, como lo será hundirse en el actual fango de resultados. Ni el equipo era tan bueno para lo primero, ni es tan malo para lo segundo. Quizá los extremos vengan bien para vender sensaciones primarias, pero no para explicar las verdaderas dimensiones de un equipo, desde el análisis.

Sin embargo este llamamiento a la mesura no debe esconder ciertos signos de alerta (todavía no son de alarma) vistos en el equipo. Por eso le pregunté en la rueda de prensa a Sergio si lo de ayer fue un accidente o hubo más. Y él, sincero, contestó que las dos cosas. Porque vio también falta de tensión.

No la del rendimiento, sino la de los detalles. Como el de ajustar las marcas sin despistes ni retrasos ante un buen equipo a balón parado. O el de apretar más de forma conjunta tras pérdida de balón. O el exceso de confianza que lleva a aflojar las vigilancias defensivas y permitir que te rematen de cabeza subido a la chepa. Incluso el de dar un balón tonto al portero que, en su primera pifia gorda de la Liga tras salvar muchos partidos con sus paradas, acaba en un gol que cercena la posibilidad de remontada.

El Real Valladolid está transitando con nota por la Liga y es la primera vez que cae con estrépito. Pero desde el partido del Bernabéu parece creerse más de lo que es. Y eso le llevaría al suicidio.

Éste es un equipo de obreros, de tipos que deben dar más del noventa por ciento de lo que tienen para ganar los partidos, de gente que saca una fuerza descomunal sólo si está junta, juega junta, defiende junta y pega junta. Aquí no hay estrellas que en dos acciones decidan un partido. Hacen falta más que sangre, sudor y lágrimas para sacar los tres puntos. Como ocurrió ante Betis, Huesca, Villarreal o Levante. Porque el Pucela, incluso en su mejor versión, nunca ha ganado por más de un gol. Por algo será.

Urge que la defensa recupere los ajustes y la anticipación, dejando de pensar alguno en quién lo fichará. Que el mediocampo vuelva a ser elástico y omnipresente, y no señores que intervienen poco en el juego, apenas merodean por las áreas, tienen dificultades en llevarse balones divididos y generan menos acciones ofensivas.

Del ataque no diré nada. Creo que no está en su mano dar más. El gol de Ünal no debe esconder la grave carencia de este equipo, por más que ayer sumase dos tantos y encajase cuatro. Con empate a cero, el catálogo de jugadas en las que el turco se mueve mal para entrar al remate es inabarcable. Su único consuelo es que Cop es peor. Y llegados a este punto, la bola está en el tejado de Ronaldo y lo que tiene detrás. Ha puesto 21 millones para controlar el club pero no ha gastado un euro en jugadores. Desde su desembarco sólo ha habido pasacalles, sonrisas y buenas palabras. Si quiere seguir siendo campechano, pero en Primera, deberá hacer algo más que rascarse el bolsillo con stivenes plazas.

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