Diario de Valladolid

La tormenta perfecta

El caos general blanquivioleta comenzó por su fría entrada al campo, continuó por los despistes que costaron dos tantos a balón parado y se certificó con el ‘autogol’ fraguado entre Calero y Masip

El extremo italiano Daniele Verde se tapa la cara cn la camiseta tras un gol del Leganés.-J.M. LOSTAU

El extremo italiano Daniele Verde se tapa la cara cn la camiseta tras un gol del Leganés.-J.M. LOSTAU

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Hablaba en la previa del partido de que se había creado un injustificado ambiente acerca de la obligatoriedad de ganar al Leganés. Los hechos han demostrado que, en la Liga más igualada de los últimos tiempos, ningún resultado es predecible. Las sardinas comen tiburones. Y quien se confíe demasiado por el tamaño del pescado con el que se enfrenta, acaba en su estómago. Sobre todo si también eres una sardina, aunque tengas ínfulas de escualo, arrastrado por el ambiente.

Al Real Valladolid le pilló la tormenta perfecta ante el Leganés. Su entrada al campo no fue tan vibrante y eléctrica como en otras ocasiones, sino fría y encorsetada. Fue el primer partido, incluido el de Vigo, en el que el conjunto pucelano recordó al de la era pre Sergio. El balón viajaba lento, mensajero de pases predecibles.

El centro del campo no tenía presencia en ninguna de las áreas. Míchel estuvo bajo, pero Alcaraz directamente no existió. Y ya lleva dos partidos invisible. El equipo dejó de ser elástico. Lo pagó con una notable separación entre líneas, como en la primera parte del Pizjuán, y con una vulnerabilidad defensiva que dejó muchos metros por delante de la zaga para los atacantes pepineros.

Estos no fueron capaces de marcar en jugada, pero sí a balón parado. Dos enormes fallos defensivos en sendos saques de esquina costaron el 0-2. Lo nunca visto para un Real Valladolid que ha hecho de la defensa su modo de vida y que sabía perfectamente cómo responde en este tipo de jugadas un equipo alto y corpulento. Por despiste o dejadez, se vio obligado a remar contracorriente en la segunda parte, después de cerrar la primera sin un solo tiro entre los tres palos, más que un inocente centro-chut de Verde.

Porque el ataque pucelano tampoco estaba bien engrasado. Se estrelló ante la indigesta defensa de cinco madrileña. El italiano ponía más voluntad que acierto. No fue el revulsivo esperado. Toni era intermitente y Plano tardó en entrar en juego. Aún no ha recuperado su chispa y cambio de ritmo, anteriores a su lesión.

Ünal nunca entró en condiciones de remate. El turco lee mal las jugadas y no sabe temporizar. Se acelera, no amaga a su marcador y se va siempre al primer palo, donde le pasa de largo el balón, en vez de situarse más atrás y entrar con visión al remate. ¿Parece difícil? Pues es lo que hacía Mata.

La cara pucelana fue muy diferente tras el descanso. No es el primer partido en el que los blanquivioleta se activan en la segunda parte. Ünal casi marca de cabeza. Cuéllar hizo un paradón pero al testarazo del otomano le faltó fuerza. Y llegó el 1-2. Toni se estrenó como goleador en Primera y parecía escribirse un nuevo capítulo de la historia épica de los pucelanos.

Pero esa cesión atolondrada de Calero y la falta de piernas de Masip (en realidad fue un autogol al que Carrillo puso el sello) mataron al Real Valladolid y su esperanza de remontada. El equipo estaba ya emocionalmente roto y la media hora final fue de agonía.

El crecido Leganés sumaba su primera victoria a domicilio en sus últimos 23 partidos de Liga como visitante, y quiso hacerlo a lo grande. Cada centro era una invitación al gol y Carrillo no desaprovechó la suya. Pudieron llegar más, con tipos de 1,90 ante defensas de 1,70, en un craso error de emparejamientos. Medié anuló un gol y Ünal mejoró estadísticas con otro.

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