Cantera... de mármol

Miguel es el último jugador forjado en los Anexos en debutar con los profesionales / Los blanquivioleta acabaron el partido ante el Betis con cuatro canteranos: Calero, Toni, Anuar y él

El delantero centro Miguel corre durante un ejercicio del entrenamiento de ayer, con el primer equipo.-BALCAZA

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Arturo Alvarado
Valladolid

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‘Hacer de la necesidad virtud’ es una frase que se podría colocar en el frontispicio de Zorrilla esta temporada. Las enormes limitaciones económicas del club han obligado a mirar con urgencia hacia la cantera. Y ésta ha respondido, porque también ha sido abonada durante los últimos años.

Las semillas blanquivioleta han arraigado con fuerza. Se han convertido en pimpollos y llevan camino de ser sólidos pinos. No podía ser otro árbol, si hablamos de(l) Valladolid. Nada menos que cuatro pimpollos, un póquer de jugadores con sello de fabricación en los Anexos, acabaron el partido de la victoria en campo del Betis.

A los ya habituales Calero, Toni y Anuar, se unió en los tres últimos minutos del tiempo añadido su compañero Miguel. Una aportación casi testimonial, pero fundamental en la carrera de un jugador. El delantero tudelano, 19 años cumplidos el mes pasado, ya puede decir que ha debutado en Primera División. Y con victoria a domicilio.

«Estaba preparado, por si acaso había que ayudar al equipo, pero no me lo esperaba. Es la quinta vez que voy convocado. El míster me dio la oportunidad y le estoy muy agradecido», comentó el canterano tras el entrenamiento de ayer.

Sergio no le dio más orden especial que lo que arengaba Cruyff como entrenador antes de los encuentros clave. «Me dijo que lo disfrutara y que ayudara al equipo».

Miguel no vio como un premio sino como un incentivo ser el último cambio, en el tiempo añadido. «Es una oportunidad. Creo que estoy trabajando bien y el entrenador lo ha tenido en cuenta».

El atacante no dudó en responder sobre lo que sintió al encontrarse frente a jugadores de la talla de los del Betis. «Es un sueño que tengo desde pequeño y estoy muy agradecido a todos por hacer que se cumpla».

Un sueño sin miedo. Miguel no se vio intimidado por jugar en un estadio como el Villamarín. «Me gusta ir a esos campos. He tenido la suerte de estar en Montilivi, La Cerámica... Gusta mucho estar allí. Desde pequeño sueñas con estar en estadios tan grandes ante equipos tan buenos».

El ariete permaneció muy poco tiempo sobre el campo, por lo que no pudo ver mucha diferencia entre Primera y Segunda B en la forma y ritmo de juego. «Son categorías diferentes pero cuando estás jugando no te fijas en eso».

La camiseta de su estreno en Primera tenía destinatario. «Se la di a mis padres, que fueron a verme».

Detrás de la casaca ponía Miguelín. El vallisoletano explica el porqué del diminutivo. «En el pueblo, para mis amigos siempre he sido desde pequeño Miguelín. Cuando me comentaron qué nombre quería poner en la camiseta, consulté, me dijeron que sí, y adelante con ello».

Esta subida al paraíso no le hace olvidar que su lugar está en el Promesas. «Tengo clarísimo que soy jugador del filial. Me están dando la oportunidad de entrenar con el primer equipo y estoy muy agradecido. El día que me toca ir con él, trabajo al máximo para tener la oportunidad. El día que voy al filial, lo mismo, con mucha ilusión. Es mi equipo».

El hecho de que Miguel entrene y sea convocado por los profesionales, curiosamente no significa que sea fijo en los onces del Valladolid B cuando está disponible. «Es un tema difícil porque entreno todos los días con el primer equipo. Cuando me toca bajar, estoy para ayudar. Si el míster decide que lo mejor es poner a otro compañero porque lleva trabajando toda la semana, lo acepto. Claro que quiero jugar, pero es lo más normal».

Así juzga el balonazo de Ramos a Reguilón. «Luego lo explicó él. Es un lance del juego, quedó feo. La mejor reacción no es esa pero le puede pasar a cualquiera».

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El entorno pucelano es diferente. «Trabajamos muy bien todos y los resultados acompañan. El equipo es una piña».