Diario de Valladolid
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Redacción de Valladolid
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El Real Valladolid vive uno de los mejores momentos de su historia. El futbol sigue creciendo y día a día adquiere una dimensión extraordinaria, sobre todo en España y en Primera División. La diferencia con la categoría de Plata es abismal en todo. En Segunda no tienes apenas protagonismo salvo que ocupes las dos posiciones de ascenso directo y estés en el grupo del playoff y, sin embargo, en la Liga de las Estrellas generas muchas más noticias y estás con más frecuencia en ese escaparate que son los medios de comunicación nacionales.

En buena hora llegó Sergio González a Zorrilla. Transformó un grupo de futbolistas perdedores y desanimados en otro ganador y optimista. El día de su presentación, y mientras los aficionados se preguntaban si la destitución de Luis César se había producido demasiado tarde, el nuevo míster sorprendió con una frase: «Vengo a agitar el árbol». Tenía sólidos argumentos para decirlo y hacerlo porque había visto al equipo y estaba convencido de que podía engancharse al playoff de ascenso.

Su discurso no cambió pese a la derrota ante el Sporting y el empate con el Cádiz. El Valladolid había perdido la posibilidad de sumar cinco puntos más en esos dos encuentros, ambos en Zorrilla, pero Sergio no se alteró. Aunque al equipo le faltó acierto y le sobró precipitación, hubo aspectos que le gustaron y eso fortaleció su confianza en los jugadores.

Sergio ha vuelto a agitar el árbol con el Valladolid ya en Primera. Este verano tardaron en llegar los fichajes y las derrotas en los dos primeros partidos en casa tampoco invitaban al optimismo, aunque a Sergio no se le vio preocupado. Tenía en la plantilla a muchos de los futbolistas que lograron ese ascenso en el que muy pocos confiaban y sabía que el trabajo de la dirección deportiva, liderado por Miguel Ángel Gómez, iba por buen camino. Era cuestión de paciencia y el tiempo le ha vuelto a dar la razón.

Acertó el Valladolid con la elección de Sergio González la pasada campaña y lo ha vuelto a hacer con la ampliación de su contrato. La propuesta se le planteó mucho antes de que llegasen las tres victorias consecutivas. Nadie saca pecho ahora en Zorrilla al ver al equipo en la zona alta de la clasificación, del mismo modo que no hubo pesimismo cuando Barça y Alavés se llevaron los seis primeros puntos. La confianza en el entrenador es máxima y, a su vez, la que tiene éste en los jugadores mantiene el equilibrio anímico en el vestuario. En este Valladolid que ha devuelto la ilusión a los aficionados (30.000 personas en la celebración del ascenso y 20.000 abonados en la cifra récord de la historia), Sergio ejerce de maestro y dicta unas lecciones antológicas a unos alumnos muy aplicados.

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