Diario de Valladolid

Fulminado por un ciclón

Lejos de lo que ocurriera la pasada temporada, el Recoletas Atlético es manejado como una marioneta por un conjunto azulgrana que volvió a superar los 40 goles (24-41) / Serdio y Dani Pérez, flotadores locales

Dani Pérez intenta esconder un lanzamiento de rosca, que le adivinaría el portero internacional del Barça, Gonzalo Pérez de Vargas.-J. M. LOSTAU

Dani Pérez intenta esconder un lanzamiento de rosca, que le adivinaría el portero internacional del Barça, Gonzalo Pérez de Vargas.-J. M. LOSTAU

Publicado por
Guillermo Velasco
Valladolid

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El deseo, por muy grande que sea (y lo era) no puede hacer frente a la lógica. Una lógica que separa un abismo entre el Recoletas Atlético Valladolid y el imbatible (al menos en España) FCBarcelona. De poco, más bien de nada, sirvió el recuerdo de lo que sucedió la pasada campaña en aquella visión posiblemente utópica en la que el equipo de Pisonero fue capaz de poner contra las cuerdas al poderoso FCBarcelona, que salió airoso de Huerta del Rey tras un lanzamiento directo de falta con el reloj a cero (29-30). Pero aquel Barcelona no es el Barcelona actual, que a golpe de talonario sigue construyendo un equipo que se pasea plácidamente en España soñando con volver a reinar en Europa. Ayer el Barça, que se permitió el lujo de dejar en Barcelona al ex BMValladolid Raúl Entrerríos, fue un ciclón que borró de cuajo cualquier atisbo de osadía del siempre valiente Recoletas Atlético Valladolid. Un muro prácticamente inexpugnable en el que se estrelló una y otra vez un ataque vallisoletano solo sujetado por la conexión con el pivote Abel Serdio, infalible en la línea con siete goles de siete lanzamientos. Pero lamentablemente la conexión con el pivote fue el único flotador al que agarrarse el Recoletas en plena estampida azulgrana. El Barça, posiblemente con la lección aprendida del año pasado y tras visionar como castigo una y otra vez los dos partidos de Liga y Copa en los que vio el miedo de cerca ante los gladiadores azules, no dejó esta vez lugar para la duda. De inicio apostó por atacar siempre en superioridad, sin portero y con doble pivote, el sistema de juego de nueva generación a reinar este año en Europa. El 0-5 de salida al paso por el minuto cinco era solo un aviso. El Barça no estaba por la labor de sufrir aplicando el rodillo y la medicina infligida a Alcobendas y Cuenca en las dos primeras jornadas de Liga.

Un tiempo muerto de Pisonero a las primeras de cambio intentó cambiar, sin suerte, el sino del partido. Nada más lejos de la realidad porque aunque logró quitarse el miedo del cuerpo el poderoso eje central de los azulgrana era una roca. Solo los pases a Serdio incomodaban a la defensa azulgrana, que penalizaba cualquier error en el pase o en el lanzamiento activando un contragolpe letal.

Aunque la sangría hizo una pequeña parada (13-19; al descanso), la maquinaria azulgrana, en movimiento continuo por las rotaciones y con muy poco desgaste, volvió a activarse de la mano de Gonzalo Pérez de Vargas. El portero internacional del Barça se convirtió en el primer eslabón del contraataque con pases precisos sobre los extremos que corrían sobre autopista.

El Recoletas, bloqueado ante la nula aportación de su primera línea, con un Río que ni siquiera fue capaz de lanzar, con Víctor en tierra de nadie, con un previsible Roberto Pérez y con Héctor González, de nuevo caricaturizado por su ansiedad y sus malas decisiones, se vio obligado a tirar de improvisación jugando con dos centrales y dando minutos a su diamante en bruto, todavía en fase de pulimento, Miguel Martínez, que lejos de arrugarse, al menos no restó.

El Barça, sin piedad, cogió su fusil para acribillar a un vendido Carlos Calle, abriendo las diferencias y alcanzando de nuevo la barrera de los 40 goles (27-41). Enfrente un Recoletas frenado en el que otra segunda unidad, el extremo Dani Pérez, sí aprovechó la oportunidad para reivindicarse y quitarle minutos a Miguel Camino.

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