«Hubiese venido antes al Valladolid»
P.- ¿Qué entrenadores le inspiraron?
R.- Al que más cariño tuve es a Irureta. Es el que más tiempo he tenido y le gustaba hablar conmigo de fútbol. Pero no es mi único referente. De hecho a él le gustaba el 4-2-3-1 y yo prefiero el 4-4-2. He aprendido de todos los entrenadores que tuve: Camacho, con conceptos muy claros; Brindisi, muy fuerte en el balón parado; Bielsa, que se fue pronto; Flores, un mixto entre jugar bien y, si no se podía, ser efectivo; Caparrós, muy intenso; Lotina, parecido a Irureta...
P.- ¿Y qué entrenadores admira de los que no le han dirigido?
R.- No hablaría de nombres sino de tener tu idea y coger cosas de todos. El entrenador es como el médico: si no evoluciona, se queda obsoleto. Por ejemplo, me encanta el abanico de jugadas a balón parado que maneja Emery. O cómo consigue Simeone que jugadores de la calidad de Costa o Griezmann se machaquen físicamente... Intento investigar cómo consiguen las cosas.
P.- ¿La plantilla ha de estar al servicio de la idea de juego o debe ser al revés?
R.- Todo entrenador debe tener una metodología y una idea táctica con la que se encuentre cómodo, pero el bueno es el que adapta eso a la plantilla de que dispone. No puedes imponer un sistema, sino hacer que crean en él. Y si no es así, debes buscar otra vía, porque no funcionará.
P.- ¿Se hizo usted querer para fichar por el Pucela?
R.- No. Estaba disponible.
P.- ¿Hubiese venido antes?
R.- La temporada pasada no, porque fui padre y reduje bastante el abanico de posibilidades [sólo Primera]. Pero en ésta tenía abiertas todas las vías desde que comenzó la Liga. Sí, habría venido antes.
P.- ¿Se oxida un técnico en el paro?
R.- Al revés. Trabajas mucho más que si entrenas, porque aprovechas para actualizarte. Un entrenador no descansa. Si le llaman de un equipo, debe saber de forma inmediata dónde va. Tiene que ver todo. En el trabajo diario, delegas en colaboradores.