Diario de Valladolid

Sin defensa no hay premio

El Recoletas planta cara al Anaitasuna en un partido loco (39-36) de cara a portería, manda en el marcador antes de claudicar fruto del desgaste físico y las exclusiones tras el descanso

Abel Serdio intenta superar en la línea el férreo marcaje de dos jugadores del Anaitasuna.-PHOTODEPORTE

Abel Serdio intenta superar en la línea el férreo marcaje de dos jugadores del Anaitasuna.-PHOTODEPORTE

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PAMPLONA
Valladolid

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El descaro no tiene premio. No hay duda de que el Recoletas Atlético Valladolid no puede vivir única y exclusivamente de lo que produzca en ataque. Ayer se volvió a demostrar que sin disciplina defensiva y sin la ayuda de su portería, ganar a un equipo del potencial del Anaitasuna es poco menos que imposible. Cierto es que el conjunto de David Pisonero plantó cara a su rival e incluso mandó en el marcador durante muchos minutos pero llevar un partido, como el de ayer, totalmente desbocado sin ninguna aplicación defensiva, suena a suicidio. En el momento que el conjunto vallisoletano, liderado por un estelar Abel Serdio (impagable su trabajo sobre la línea de seis metros) y un Adrián Fernández que asumió el protagonismo ofensivo tras el descanso ante la falta de puntería del siempre irregular Rubén Río, ayer con el brazo como una escopeta de feria en los lanzamientos de larga distancia, perdió efectividad y todo se acabó.

Y el atasco llegó en el ecuador de la segunda mitad cuando mandaba por tres goles (24-27). El Anaitasuna se puso por delante apoyado en la efectividad de su extremo Chocarro y en una transición defensa-ataque (12 contragolpes) letal, que acabó por romper la hasta entonces osada resistencia vallisoletana.

El partido, totalmente desgobernado en la primera mitad con un marcador casi de partido completo (19-19), no recibió la pausa esperada tras el descanso, todo lo contrario. El partido se fue de forma incomprensible hasta los 40 goles siendo ambas porterías, los cuatro porteros (Nordhanler y Sergey en el Anaitasuna y Javi Díaz y César Pérez en el Recoletas) meros testigos impotentes del carrusel goleador de un partido convertido en correcalles. Con el partido roto el Anaitasuna jugó en su salsa con el viento a favor, con tres de diferencia que exigieron un esfuerzo extra a un Recoletas que acabó pagando el tremendo esfuerzo físico de un partido jugado casi sin pausas en el que también las exclusiones, tres en los segundos treinta minutos, acabaron por dilapidar la oportunidad de conseguir un triunfo de prestigio en una cancha complicada que vivió ayer un partido de récord con 75 goles (43-36).

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