A RAS DE HIERBA
Oxígeno
La escena es típica del cine de acción, así que los de Lars von Trier, mejor que no sigan leyendo. Un malote tiene asido al héroe de los pelos, con la cabeza sumergida en una bañera. Cuando el tono morado preside su faz por la ausencia de oxígeno, lo saca, con el fin de que confiese. Al bueno le sirve para coger aire, en un hálito de vida. Después puede revolverse y acabar con el villano, o bien ese soplo etérico es el último que entrará en sus pulmones, antes de que la policía lo encuentre flotando boca abajo.
Ésa es la situación de Luis César. Metafórica, por supuesto, ya que a él no hay quien le agarre de la cabellera. El míster del Real Valladolid compró ayer una buena dosis de oxígeno. Tres bocanadas, exactamente. Tantas como goles. Pero sigue en la bañera. Y le tiene bien cogido ese pérfido que atiende al nombre de clasificación.
Su gran activo es que ese aire nuevo evita que esté cianótico. Puede pensar. Y la siguiente jugada de Luis César, ante el Zaragoza, es la que marcará su destino. Un buen reverso con golpe de canto de mano puede romper o al menos aplazar el riesgo de despido. Un inmovilismo inútil tragando agua le llevará al hoyo.
El Real Valladolid no jugó un buen partido. Tampoco iba ayer de eso la película. Se trataba de ganar. Y se ganó. Con menos brillantez de la que indica el marcador, ya que el Lorca es de lo peor que ha pasado por Zorrilla en este cuatrienio en Segunda. Luis César pedía «una victoria, no siete». Ya la tiene. Ahora, a ver cómo la administra.
Los blanquivioleta jugaron como se camina sobre el hielo con suela de cuero. El miedo, cuando el flojísimo rival merodeaba el área, se olía. Los pases se ejecutaban con cinturón de seguridad. Ni un riesgo. Ni una invención. El fútbol así no puede ser divertido pero ayer, insisto, no se trataba de eso.
Tocaba ganar. Y más fácil hubiera sido conseguirlo con más desmarques, mayor presión en la salida de balón rival (ayer sí se podía, míster), mejores y por tanto más rápidos repliegues y, sobre todo, menos distancia entre jugadores y líneas. El mal endémico de este equipo. La diferencia con otros partidos en defensa fue la calidad del rival, no el orden ni la contundencia.
Esta victoria aportará más de tres puntos, que ya es algo cuando se viene de la indigencia, si sirve como rearme anímico y estímulo para acabar con los errores persistentes. De lo contrario será la última bocanada en vida. Como ve, Luis César, no soy resultadista.
P.D.- El primer partido tras el superfiestón XIIPucela deparó la taquilla más pobre de la temporada: 6.680 espectadores. Podemos engañarnos con la cabalgata, el frío o el sursum corda, pero lo que mueve a la gente son los resultados. Cuando eran buenos, se sobrepasaron los 10.000. La cosmética es otra cosa.