Ensayo por la inclusión
Íñigo López y Erix Soto, con 9 y 4 años, son los dos primeros jugadores con síndrome de Down que militan en la cantera del VRAC / Su experiencia demuestra que el rugby puede ser un deporte inclusivo con la transmisión de valores

Íñigo López (9 años) y Erix Soto (4 años), jugadores del VRAC, posan sonrientes en los campos de Pepe Rojo.-PABLO REQUEJO
La sonrisa de Erix e Íñigo ilumina cada tarde de entrenamiento los campos de Pepe Rojo. Los dos forman parte de la gran familia del VRAC, el club campeón de la liga española y dominador del rugby nacional en el último lustro. Erix Soto Martín tiene cuatro años y juega en los ‘Linces’ mientras que Íñigo tiene Íñigo López Merino, con nueve, lo hace en la escuela que el club quesero tiene en Simancas. Ambos serían dos jugadores más de la cantera azulona si no fuera por una particularidad, tienen Síndrome de Down. Sin embargo, eso no ha sido un impedimento para que jueguen al rugby en un equipo.
Esta temporada el VRAC ha tomado el ejemplo de otros clubes en España han apostado por el rugby inclusivo, y es que el deporte del oval se ha convertido en nuestro país en una magnifica plataforma no sólo para fomentar el deporte entre las personas con síndrome de Down, sino para impulsar la propia inclusión de este colectivo en la sociedad.
Los padres de Íñigo no lo dudaron. Su padre, jugador durante su época universitaria, sabe perfectamente que el oval es una buena fuente de valores que propiciarían la integración de su hijo, el pequeño de cuatro hermanos. Aunque el joven ya había practicado la pasada campaña fútbol, lo del ensayo y el placaje le encandiló desde el primer día. «Está muy feliz y contento, siempre pregunta cuándo es el día para entrenar», comenta Isabel, su madre. Incluso la semana pasada a Íñigo se le cayó un diente y el ratoncito Pérez, sabedor de todo, le trajo como regalo un oval.
Por el contrario, los padres de Erix eran aficionados al fútbol, incluso su madre, Alicia, llegó a jugar en el Rayo Simancas. Sin embargo, «ya nos ha enganchado». Al comprobar por Internet todos los beneficios del rugby apostaron por apuntar al pequeño de 4 años en el Quesos. «Está muy ilusionado», afirma, y reconoce que lo que más le gusta de este deporte es como «sus compañeros están pendientes de él».
Ambos son dos jugadores más sobre el campo. Desde pequeños los jugadores de rugby aprenden que por encima del respeto a las reglas del juego y al esfuerzo, están valores como el compañerismo, la honestidad, el respeto, la disciplina, la lealtad, el sacrificio y el altruismo, unos valores que coinciden a la perfección con el objetivo que se persigue en el deporte inclusivo. En Pepe Rojo, los puntos de los equipos son una consecuencia del esfuerzo de todos, y por tanto, no caben las celebraciones individuales, como sí ocurre en el fútbol.
Pero lejos de practicar este deporte únicamente como aficionados o restringidos a los entrenamientos, lo hacen con todas las consecuencias, participando activamente en los partidos y actividades de sus equipos. Todo ello, gracias al apoyo del club, que entienden que este es un deporte en equipo y que sus plantillas se enriquecen en la medida en que se componen de personas con características distintas. Hay que recordar que en 2014 se alcanzó todo un hito para el deporte inclusivo cuando Nicolás Esguevillas se convirtió en el primer niño con síndrome de Down en jugar el Torneo Nacional celebrado en Valladolid.
Paqui Gago es la responsable del VRAC solidario. Se muestra muy satisfecha con esta puesta en marcha de un proyecto que ha permitido trabajar también con otras asociaciones como Red Incola, Cirujanos en Acción, ADIVA e Inclusport. «Sobre el campo en el rugby hay quince jugadores diferentes pero todos pertenecen a un grupo», recalca. Incluso la buena acogida ha provocado que se esté trabajando con más niños de la asociación Down Valladolid que llegarán próximamente.
Los entrenadores de la cantera han recibido clases de profesores de la asociación vallisoletana para aprender «algunas directrices» a la hora de dirigirse a los más pequeños en los entrenamientos.
Las ventajas físicas que aporta el rugby son altamente recomendables para las personas con síndrome de Down, que mejoran la coordinación general, la postura corporal, la orientación espacial, la fuerza, flexibilidad y tono muscular, y aumentan progresivamente sus capacidades de aprendizaje.