‘Atraco’ a las ocho
El Carramimbre hace todo por ganar pero cae ante el Breogán (84-85) en un polémico final que encendió la llama de la ira y la desesperación

¿Teatro o no teatro? Sergio de la Fuente se queja de la defensa de Löfber y Steinbrock.-J. M. LOSTAU
«Manos arriba, esto es un atraco». El pabellón Pisuerga clamaba contra los colegiados tras ver como su equipo, el Carramimbre Ciudad de Valladolid, perdía un partido de un forma cuanto menos extraña. Hasta Paco García, indignado, colérico y fuera de sí ante la injusticia sufrida, siguió los cánticos del respetable alzando las manos en alusión al atraco sufrido. Una derrota con polémica en la que paradójicamente no fueron los jugadores los protagonistas, ni siquiera los entrenadores con una decisión o con una jugada de pizarra decisivas. Fueron los colegiados Aranzana y Gómez Luque, los que se metieron en un berenjenal con decisiones que de forma caprichosa dilapidaron todas las opciones de victoria de los vallisoletanos. Y opciones, pese a medirse al líder invicto Breogán, tuvo muchas. A poco más de cuatro minutos para el final el conjunto de Paco García disponía de siete puntos de renta (77-70) tras un titánico esfuerzo remontando un partido que se puso cuesta arriba en los últimos compases del segundo cuarto cuando el marcador reseñaba un 35-44 para el Breogán.
Esos siete puntos de renta tras buscar, por fin, el aro Óscar Alvarado, hacían pensar en una heroica victoria de un Carramimbre capaz de multiplicarse con sus diez jugadores para hacer frente a oponentes con mayores galones como Uriz, ayer caricaturizado, Christian Díaz, Salva Arco o los poderosos jugadores interiores Leonardo Demetrio y sobre todo Steinbrock.
Como era de esperar la respuesta del Breogán no se hizo esperar para poner el partido al borde de un ataque de nervios a falta de minuto y medio para el final. Fue entonces cuando los árbitros tomaron el mando de las operaciones con un concierto de viento impropio que no hizo sino desquiciar a los locales.
Sin lugar a dudas la matrícula de Sergio de la Fuente la tenían anotada los colegiados porque dos acciones del ala-pívot vallisoletano terminaron por cambiar el sino del partido. Primero con un presunto empujón que le mandó a los suelos fuera de la cancha y que los colegiados juzgaron como una simulación. Después, la que desató la ira en Pisuerga, a nueve segundos del final en un rebote tras el segundo tiro libre convertido por el base de Breogán Cristian Díaz, que servía para nivelar la contienda (83-83) y llevarla cuanto menos a la prórroga, una falta suya al rocoso y al experto en mil batallas Guillem Rubio, cambió como por arte de magia el blanco por el negro. El gozo en un pozo porque llovía sobre mojado. Antes de esa polémica acción una descarada falta en ataque de Cristian Díaz era obviada por los colegiados cuando todavía mandaba el Carramimbre en el marcador (83-82) con 23 segundos por jugarse. La pregunta es obligada. ¿Fue realmente falta? La respuesta de Paco era clara. «Hay que tener un par de cojones para pitar eso. Y al Breogán».
El Breogán daba la vuelta al marcador. Ni siquiera un tiempo muerto de Paco García sirvió para arreglar el desaguisado a la caza y captura de una canasta milagrosa ganadora como las que protagonizó el pasado año el pequeño Wade-Chatman. Esta vez el Breogán, que ni siquiera estaba en bonus de faltas, hizo falta al base americano reservándose la última posesión de tres segundos. La línea de tiros libres quitó la posibilidad de forzar el empate y con ello la prórroga al errar el segundo lanzamiento Wade-Chatman. (84-85). El pabellón explotó y con él Paco García. El público, como el entrenador, se sintieron ultrajados dirigiéndose con pitos y el mencionado cántico a los árbitros.
El triste e injusto despertar del Carramimbre, que a pesar de todos los imponderables posibles demostró que ‘sí se puede’, le dejó con la miel en los labios. De nada sirvió tratar de tú a tú a un rival llamado a pujar por el ascenso directo. El buen trabajo de Astilleros, la muñeca caliente de Gant, el temple de Alvarado o los mortíferos ‘uno contra uno’ de Wade-Chatman, quedaron injustamente aparcadas en un segundo plano.