DIVISIÓN DE HONOR
Mucha emoción, escaso juego
El Entrepinares arrebata el liderato al SilverStorm (14-16) en un derbi lento y lleno de imprecisiones / Los de Merino remontan con un 0-13 en la segunda parte / Graaff tuvo en sus botas la victoria con el tiempo cumplido

Los jugadores del VRAC celebran la victoria en el derbi.º-J.M. LOSTAU
El marcador y su cinematográfico volteo fue lo más rescatable de un derbi en el que imperó la emoción muy por encima del juego. Se esperaba mucho más de los líderes del rugby español pero los nervios, el exhaustivo conocimiento del rival y sobre todo las carencias en el juego de conjunto privaron a la fiesta del oval vallisoletano de contar con una trascendencia nacional. Porque el rugby elaborado se declaró ayer en rebeldía.
El suspense del final del partido fue lo mejor. La única ventaja del Quesos Entrepinares en los 80 minutos fue la de su victoria final. Un drop bien jugado por el VRAC, incapaz de ensayar en todo el partido más que tras un error garrafal de El Salvador, supuso el 14-16. A Carrió, ayer zaguero por mor de las bajas, y de lo poco reseñable en un partido sin buena dirección en ninguno de los bandos, no le tembló el pulso para anotar tres puntos decisivos.
No se puede decir lo mismo de Graaff. Con el tiempo vencido disfrutó de la oportunidad de pasar un golpe de castigo algo lejano pero bastante centrado. Se le fue por poco tras una patada alta, por encima de palos, que sembró la duda en parte de la grada.
Fue la culminación de una horrorosa segunda parte del hasta ayer líder. El SilverStorm no anotó en los segundos 40 minutos. El 14-3 a favor con el que llegó al descanso dio paso a un 0-13 en la continuación. La enésima demostración de que no se puede perdonar a un equipo del potencial del Entrepinares. Por calidad, fondo de armario y preparación física no necesita jugar bien para ganar.
Los colegiales perdonaron y lo pagaron. Con el 14-3 desperdiciaron una oportunidad magnífica para ensayar al filo del descanso. Lo mismo ocurrió a poco de la reanudación. Dos acciones cercanas a la línea de marca se diluyeron por imprecisiones, mala salida de balón y peores pases. Del posible 21-3 los de Bocas pasaron al sufrimiento, hasta la derrota final.
Claro que para entender su derrumbe, hay que explicar su alzamiento. Ambos equipos salieron como flanes, perdiendo balones impropios de su categoría. Ni Wessel-Bell, medio melé por las bajas de su equipo, ni Juan Ramos, lejos de su mejor momento de forma, supieron llevar el mando.
Del totum revolutum inicial emergió el Chami, que comenzó a controlar el juego. Casi todo el tiempo el oval habitó el medio campo quesero. Los de Merino acabaron encerrados y el balón merodeaba ente su línea de 22 y la de ensayo. El marcador se desperezó. Tras una embarullada y nada rápida jugada de lado a lado, Gonzalo Núñez ensayó tras un maul. Graaff transformó.
Las malas noticias se le acumulaban al VRAC. Horn se fue lesionado (antes lo hizo Gabi Fernández) y su equipo lo notó. El golpe de castigo pasado por Griffiths fue una isla entre los dos ensayos. Porque Rust aprovechó la caraja defensiva azul para anotar entrando hasta la cocina sin oposición.
Las diferencias defensivas entre ambos eran abrumadoras, y se ampliaban por la voluntad quesera de jugar en largo en vez de a la mano, como si fuese un equipo pequeño. Si a eso se unen sus problemas con las touches, el Chami tenía el partido donde quería.
Pero llegó la hora del perdón. El tercer ensayo local no llegó y en la segunda parte el Entrepinares se desperezó lo suficiente como para ganar, aun sin mostrar todo su potencial.
El error en una touche de El Salvador propició una serie de fallos culminados en una contra en la que Álvar Gimeno anotó el único ensayo azul. Grif- fiths pasó el balón entre palos y el 14-10 generó un nuevo partido.
El Salvador se dio cuenta de lo que había perdonado y se hundió. El VRAC supo que, a poco que agitase el manzano, caería fruta. El castigo (su cruz) concedido por el Chami apretó 14-13 el marcador, al anotar Giffiths.
Y llegó la hora de los nervios. Nadie parecía próximo a ensayar y la lucha se desarrollaba con tiros a palos. Graaff falló un golpe claro en el minuto 57 y Griffiths hizo lo mismo en el 76. Pero la batalla física era ya para el VRAC. Carrió firmó con su drop a dos minutos del final su primera y definitiva ventaja: 14-16. El golpe fuera de tiempo de Graaff rubricó el cambio de liderato. El derbi estuvo lleno de emoción, pero para el próximo no estaría de más pedir algo de juego.