Diario de Valladolid

ALMERÍA-REAL VALLADOLID (ANÁLISIS)

Más balón que ideas

El equipo blanquivioleta gozó de escasa presencia en ataque pese a los dos tiros al palo y estuvo lastrado psicológicamente en el aspecto defensivo tras el fallo en el gol almeriense

El extremo griego Gianniotas es atendido tras recibir un golpe.-LOF

El extremo griego Gianniotas es atendido tras recibir un golpe.-LOF

Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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La famosa comparación entre huevo y castaña para hablar de términos opuestos, puede cambiarse por el Real Valladolid como local o visitante. Tan cierto es que la imagen de ayer fue muy diferente a la de Vallecas, como que perdonó la vida a un Almería ramplón en ataque y benefactor en defensa.

Es difícil de imaginar lo que siente un entrenador que ha preparado un partido hasta la extenuación, cuando poco después del primer minuto recibe un gol propio de niños, debido a una falta de concentración causada por una salida al campo en cuerpo pero no en espíritu.

Alguien debería estar en la frontal para un posible rechazo o un disparo tras jugada ensayada. Así ha sido de toda la vida de Dios, incluso para los entrenadores más revolucionarios. Pero allí no estaba ni Perry.

Este hecho lastró y a la vez espoleó al Pucela. ¿Cómo se come eso? Muy sencillo. El madrugador rejonazo despertó la ambición de los blanquivioleta pero a la vez surgió cierto miedo a ser vulnerable ya que, una vez más, con muy poco recibía gol. La misma historia de toda la temporada. 15 goles encajados en 10 partidos pesan como un saco de melones.

La conclusión no fue que el equipo se rompiese, algo que sólo ocurrió, y en parte, al final, cuando el encuentro devino en un intercambio de golpes. Lo que aconteció es que el ataque perdió efectivos y por tanto alternativas. Apenas se puso en aprietos a la permeable defensa local. Dos jugadores revoloteando ante cada central hubieran logrado el cortocircuito, pero la producción ofensiva fue escasa.

La dificultad de montar contras fue evidente. Los de arriba se movieron, pero escasos de apoyos. Y la renovada triada de ataque no mostró su presunta frescura. La zaga permitió de nuevo remates fáciles, no muchos, y paseos por zonas que debían estar electrificadas. El mediocampo trabajó y ayudó, pero había pocos apoyos. Como se habrán dado cuenta a estas alturas, no fue partido de nombres propios.

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