Herencia, interrogantes y leña al fuego
Está visto que las cosas no cambian ni cambiarán en el baloncesto de élite de la ciudad donde cualquier chispa, por pequeña que sea, desata un incendio. La tranquilidad va por barrios y de momento se resiste a asentarse en un club que sigue pagando religiosamente la herencia, la cruda herencia del pasado. Ese pasado lleno de oscurantismo, de engaños, de intereses creados, de gente a la que le gustaba salir en la foto, tener su particular parcela de poder sin haber sido nadie o sacar tajada directa o indirectamente. Muchas de las muchas puertas aporreadas por los nuevos gestores del CBCiudad de Valladolid siguen cerradas o se resisten a abrir al ver por la mirilla que al otro lado de la puerta está el baloncesto, lo represente quien lo represente, pero el baloncesto a fin de cuentas. El botón que ejerce de muestra es una masa social a día de hoy, impropia para una ciudad como Valladolid y para un deporte como el baloncesto. ¿Qué es lo que falla y lo que se ha hecho mal? ¿La campaña? ¿El aumento de precios? ¿La crisis? ¿El exceso de oferta de espectáculos deportivos? La herencia, sí, la herencia. Tendrá que pasar un tsunami para borrar ese pasado, esas costumbres. Como la de estar y desaparecer. Sacar y no dar. Figurar y si te he visto no me acuerdo. Fugas que no se entienden como la del anterior patrocinador Comercial Ulsa, desaparecido en combate sin ninguna explicación. Ni siquiera ha sacado su abono. ¿Qué ha pasado? Secreto de sumario, silencio, un silencio que vuelve a dejar en evidencia a un club en el que entran, salen y vuelven a entrar directivos como Pedro por su casa. Algo pasa, algo sigue sin funcionar. Lanzo la mirada atrás y no veo ninguno de los mandamáses ni gallifantes del pasado que se les llenaba la boca y tanto presumían de querer al baloncesto y no son capaces de hacerse socios y pasarse por el pabellón para ver ‘su’ baloncesto querido. Debe de ser una simple cuestión de intereses y de ya no poder servirse de una forma u otra del club. Un club, un deporte, que de una forma o de otra sigue tocado por los problemas extradeportivos. La chispa que enciende un nuevo fuego es el aplazamiento del primer partido del Carramimbre en casa el próximo viernes. «Una chapuza» dice el entrenador y no le falta razón. Su ira sale a colación por segunda vez. La primera, con otro silencio o una simple y escueta nota del club, fue el ‘caso Davichu’. Lamentablemente lo extradeportivo tapa la buena pinta que tiene lo deportivo. La prensa tan solo ejerce de transmisor de la realidad, cruda y triste realidad.