BALONCESTO - LEB PLATA - CRÓNICA COMERCIAL ULSA
Esperpento en Pisuerga
El Comercial Ulsa se hace el hara-kiri al infravalorar al colista / Albacete le saca los colores y le inflige una derrota sobre la bocina

Bubacar Sidibe, tras su estancia en el Afrobasket, puja por un rebote ante Georvys Elías, del Arcos Albacete.-PABLO REQUEJO
Lo que mal empieza, mal acaba. El Comercial Ulsa comenzó jugando con fuego y terminó quemándose. La visita del colista de la LEB-Plata a Pisuerga, con tan solo seis victorias en su casillero, hizo pensar al conjunto vallisoletano que el triunfo iba a ser una cosa tan simple como coser y cantar. Primer error. El Comercial Ulsa menospreció al contrario y lo pagó caro, de la forma más dolorosa, la de remar y remar para acabar muriendo en la orilla con una canasta sobre la bocina, la misma que de forma caprichosa fechas atrás le había otorgado el triunfo ante Navarra.
El esperpento en Pisuerga comenzó en un primer cuarto en el que la ‘teórica’ artillería pesada del las ‘ardillas’, acomodada y posiblemente mirando por encima del hombro a su débil rival, un equipo que se presentó en Valladolid con solo ocho jugadores (el noveno, el gigante Ragnar, presente en el banquillo en chandal, estaba lesionado), prefirió dormitar. Pero con ocho basta. O al menos eso demostró un Arcos Albacete que tan solo tuvo que dar rienda a la imaginación y sacar tajada del desbarajuste y caos defensivo rival. Y es que ayer se volvió a demostrar que el Comercial Ulsa, sin el mono de trabajo, es un equipo ramplón al que le puede meter mano cualquiera, incluso el último. Triste, muy triste.
La desconexión del Comercial Ulsa desde el mismo salto inicial (perdido por invadir la línea) dejó la suerte a la improvisación de alguien que acudiera, como en otras ocasiones, al rescate. En un juego anárquico y totalmente desgobernado, incluso con dos bases en cancha, fue un actor secundario, Dani Astilleros, el que tuvo que reaccionar al toque de corneta asumiendo el protagonismo encomendado por galones a otros. Porque Sergio de la Fuente, en su versión desbocada de él contra el mundo, no estuvo. Porque Sidibe, recién aterrizado del Afrobasket, jugó como ya ha ocurrido con anterioridad dormido. Porque a Graham-Bell se le vio con cuentagotas y el siempre anárquico Wade-Chatman, su despertar fue tardío. Miguel González fue una caricatura. Pablo Esteban, con muchos minutos, hizo lo que pudo y por supuesto la enésima oportunidad a Davichu, tampoco obtuvo respuesta.
Ante tanta complacencia, desgana y descontrol de los vallisoletanos, el Arcos Albacete, despacio y sin hacer ruido, fue capaz de gustarse al verse vivo. Porque con su simple deseo, lo que nunca tuvo su rival, fue capaz de echar abajo el muro de la lógica que daba una victoria plácida para los vallisoletanos. Triste, muy triste. Porque la desgana se apoderó también de un impotente Paco García, incapaz de insuflar alma a su equipo.
Los dos tiros libres de Astilleros, el mejor, que llevaban en teoría, (solo en teoría) a una prórroga totalmente inmerecida pese a la esperanza del público (73-73) tenían otro final con cinco segundos por jugar. Michael Torres, pulmón del rival en la segunda mitad, iba a poner la rúbrica a su gran partido decidiendo con un lanzamiento en el último suspiro que coincidía con la chicharra que anunciaba el partido (73-75). Triste despertar para los vallisoletanos, que se complican su acceso a los playoffs.