TRES SEGUNDOS
Ser presidente no es ser reina madre
El baloncesto vuelve a vivir un episodio, otro episodio rocambolesco. Si todos creíamos que con la creación de un nuevo club, las envidias, los excesos de ego, y los roces internos, iban a desaparecer, andamos listos. Más de lo mismo. El baloncesto sigue tocado por la varita de esa incapacidad y falta de unos mínimos de cordura que hace que todo, absolutamente todo, a la mínima salte por los aires.
La dimisión del director general del club, Javier Casado, tras el encontronazo con el entrenador Paco García, no hace sino sacar las vergüenzas al aire de un club cogido con pinzas. Un club sin estructura, un club en el que cualquier comparación con el pasado no hace sino apretar el nudo de la cuerda que rodea su gaznate. La guerra entre Javier Casado y Paco García era una guerra vaticinaba.
Dos caracteres superlativos, dos gallos en un mismo gallinero, dos formas de pensar totalmente opuestas que chocaron y chocaron hasta que la convivencia se hizo imposible. Y todo ante la connivencia de un presidente, Mike Hansen, una persona modélica de principios, pero que vuelve a tropezar en la misma piedra, la de no saber mediar, la de no saber apagar un fuego que todos vieron, en definitiva, la de conformarse con ser ‘reina madre’ y no ejercer como presidente. El año pasado no supo poner freno a los problemas, muchos problemas generados en el plano deportivo (con casos de indisciplina y faklta de espeto en jugadors) y en el plano institucional con las ‘puñaladas’ a doquier lanzadas entre sus propios directivos.
La contratación de Paco García fue sin duda el golpe de efecto que necesitaba un club que había arrancado con mal pie. Pero llegaron los roces y los divergencias entre su director general y ´teórica’ mano derecha, fundador del club y avalista del proyecto, y el entrenador. Javier Casado, fiel a su filosofía de controlar al máximo el gasto de un presupuesto que aún no está cerrado, optó por arrojar la toalla en un sacrificio permitido por la ‘reina madre’ y que significa, de momento, el fin a las hostilidades. La guerra abierta se pudo y se debió zanjar mucho antes simplemente poniendo a cada uno en su sitio, una labor de un presidente.
El club, el baloncesto, vuelve a quebrarse por la mitad. Si eran pocos... La pregunta es obligada ¿Quién asumirá de forma altruista el papel de Casado? Hay muchas horas detrás, las que se ven y las que no se ven. Esto solo es un aviso, otro aviso de incendio. Sin estructura, los problemas seguirán aflorando en un club en el que cada uno sigue yendo por su lado. Solo hay que escuchar las últimas declaraciones a Onda Joven del capitán Sergio de la Fuente, desmintiendo a su entrenador. Es el caos en un deporte de capa caída y sin duda gafado.