JUEGOS OLÍMPICOS CASTILLA Y LEÓN PRESENTE EN RÍO. CAROLINA RODRÍGUEZ, GIMNASTA LEONESA
La sonrisa perenne del tapiz olímpico
En septiembre de 2015 logró clasificarse para Río 2016, donde es la gimnasta rítmica más longeva en disputar los Juegos Olímpicos, con 30 años de edad. Mucho tiempo de esfuerzo y sacrificio para despedirse por la puerta grande y siempre con una sonrisa
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El caso de Carolina Rodríguez (León, 24 de mayo de 1986) es para ser estudiado en las universidades. En un deporte en el que apenas hay gimnastas que sigan compitiendo a alto nivel pasados los 22 años, ella aterriza en Río con 30 años cumplidos. Lo nunca visto. «He tenido muchos retos en mis tres lustros de deporte de alto nivel, pero ninguno tan gigantesco como el que tengo ante mí: volver a ser olímpica en Río 2016. Ser olímpica a los 30 años, cuando recuerdo que me llamaban vieja al regresar a la competición con 23 años, es un reto mayúsculo», escribe la leonesa en su página web.
Y lo mejor de todo es que siempre se ha caracterizado por una cosa:su sonrisa. Ni las malditas lesiones que la impidieron volar aún más alto, ni los golpes de la vida, han podido con sus ganas de sonreír al mundo y de demostrar que es feliz con lo que hace. Y eso que la vida no ha sido muy justa con ella. Sobre todo con el fallecimiento de su hermano en un accidente de tráfico. Pero la leonesa hace de la carencia una virtud, como ocurre con sus padres que son sordos los dos y se comunica con ellos a través de la lengua de signos. De ahí dice que ha sacado su enorme expresividad.
Lo más llamativo es que la leonesa ha explotado según iba cumpliendo años. Ni en sus mejores sueños lo imaginaba. Atrás quedan los que la expulsaron de la selección porque no daba el nivel (por eso se perdió la cita de Pekín 2008). Hace diez años era la 90 del mundo. De repente comenzó su progresión de la mano de Ruth Fernández, su entrenadora de toda la vida, y hace seis años estaba dentro de las 24 y ahora está entre las 10 con las tres décadas en su DNI. «Me siento ágil, fuerte, bien. Voy a pelear por hacerlo lo mejor posible en Río porque estoy sorprendida de mi puesto», aseguraba en una entrevista antes de partir a Río.
Será su tercera participación en unos Juegos, anteriormente estuvo en Atenas 2004 donde finalizó séptima con el conjunto español y en el puesto decimocuarto en Londres 2012. Fiel a su nobleza, reconoce que su único mérito ha sido «trabajar mucho y en las circunstancias que fuera», en alusión a cuando comenzó en una iglesia sin calefacción en Puente Castro.
En Río no se pone objetivos, solo el de disfrutar sobre el tapiz. «Será una competición más en la que disfrutar e intentar hacer algo grande como sería concluir entre las diez mejores que me valdría como una medalla», señala y se fija como rivales a la norteamericana Laura Zeng, la griega Varvara Filiou, la griega Neta Rivkin, la italiana Verónica Vertolini y la alemana Berezko, a las que conoce muy bien de otras competiciones.
A lo que no tiene miedo es al famoso zika. «Con todo el esfuerzo que conlleva llegar hasta aquí en ningún momento me he planteado no ir a los Juegos. ¡Ya puede picarme el bicho que sea! Incluso hay contagios peores como el dengue y se está dramatizando todo demasiado por el simple hecho de los Juegos Olímpicos son un acontecimiento único mundial», comentó.
En Río será el adiós a dieciséis años en la alta competición y más de dos décadas en un tapiz, pero siempre con la sonrisa como mejor elemento. Eso sí, avisa que lo hará con lágrima en los ojos, pero serán lágrimas de felicidad. «Ahora quiero disfrutar de mi competición, el trabajo está hecho. Solo queda poner la guinda al pastel».