FÚTBOL SALA
El adiós del último romántico
Chema Rodríguez se despide de los banquillos tras 26 años de trayectoria al frente de la Universidad de Valladolid / Un Europeo y un Nacional universitario, su legado

Chema Rodríguez posa en su tienda de deportes.-J. M. LOSTAU
El último gran mosquetero del fútbol sala envaina su espada después de 26 años sacando lustre a su leyenda por todos los campos de España. Chema Rodríguez, el maestre del fútbol sala vallisoletano, deja su trono (situado en el banquillo de la Universidad de Valladolid) a un nuevo escriba que continúe la historia que el técnico empezó a escribir hace más de un cuarto de siglo.
La decisión de Chema Rodríguez no llegó con la salida del sol una mañana, fue fruto de la maduración de los años, como él mismo confiesa: «Todo en la vida tiene un principio y un final.
¿Razón? Va siendo hora de prestar más atención a mi mujer y a mi familia. Por otro lado, también pensaba que el equipo necesitaba un revulsivo. Estábamos siempre ahí, pero era el momento de hacer un cambio generacional y darle un impulso nuevo al equipo», explica. Así, después de hablar con Antonio Blázquez (director del servicio de deportes de la UVa) y con su sucesor, Kike Molina, comenzó a gestarse desde el primer partido la transición hacia la UVa post Chema. El técnico no se hubiera desviado del camino aunque el equipo hubiera logrado el ascenso: «Hubiera pasado lo mismo si hubiéramos ascendido. Me lo han preguntado los chavales cien veces, incluso antes de partidos clave, y la contestación siempre ha sido la misma: la decisión estaba tomada», asevera.
El entrenador abandona la vanguardia pero no la batalla. Ayudará a que la transición tome un matiz dulce. Continuará organizando los viajes e incluso viajará si la ocasión lo requiere, de manera ocasional, con el equipo masculino o femenino. «Por otra parte, como miembro de la junta directiva del club, me voy a poner a disposición de mis compañeros para todo lo que sea necesario, con la intención de que el club crezca», explica Chema.
26 años (récord de longevidad en un banquillo universitario, igualando a José Carlos Rojo en el equipo de baloncesto) dejan un legado imposible de olvidar de la noche a la mañana. Él hizo camino en la Universidad de Valladolid junto a otros totems del deporte universitario como José Carlos Rojo, Carlos Saso y SantiagoToribio, el hombre que le dio la batuta del fútbol sala a Chema: «Fue quien confió en mí desde el principio y puso todos los medios para crecer», explica. Todos ellos han dado un paso al lado para dejar hueco en los banquillos a la savia nueva.
Minutos, horas, días y meses para acumular recuerdos para la eternidad: «El mejor fue el Campeonato de Europa Universitario. Fue un momento indescriptible. Después llegó la temporada que quedamos campeones y el primer campeonato de España que ganamos en Granada. Son tres momentos imborrables», confiesa el técnico. El trébol de recuerdos dorados se completa con el partido en el que la UVa estuvo a un paso de convertirse en David frente a un Goliat como el Caja Segovia en la Copa del Rey: «Nunca se había visto Fuente la Mora en esa situación. Fue un momento muy bonito por cómo se comportó el público y por cómo plantamos cara al Caja Segovia», admite.
La UVa podrá repetir esos momentos el próximo curso. Chema abandona sin remordimientos el banquillo de su vida y lo hace dejando como herencia al equipo clasificado para la próxima Copa del Rey. Sin embargo, ni el mejor de los resultado enmascara la tristeza tras la lesión de un jugador: «El último mal recuerdo que me llevoha sido la lesión de Adri. A mí me afecta mucho cuando un jugador tiene una lesión grave. Cambiaría los resultados porque los jugadores no se lesionasen. Cuando un jugador se lesiona algo dentro de mí se rompe», confiesa.
Chema Rodríguez vivirá los momentos buenos y malos a partir de ahora lejos del parqué. Sin morriña del banquillo: «No lo voy a echar de menos porque lo tengo muy claro», repite. El que sí que echará de menos será el fútbol sala vallisoletano a su maestro, que ha recibido en forma de una riada de mensaje de amigos y ex jugadores el trofeo más preciado de su vitrina.