RUGBY. UNA FINAL DE COPA PARA LA HISTORIA

Victoria merecida del más centrado

Un rocoso El Salvador doblega a un VRAC inofensivo y lastrado por las ‘touches’

Manu Mora captura una ‘touche’ durante el encuentro de ayer.-Pablo Requejo

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Arturo Alvarado
Valladolid

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Un derbi siempre es un partido especial. Una final lo envuelve en algo aún más particular. Y un nuevo escenario con 26.000 espectadores lo convierte en algo único. Tres condicionantes que, unidos, suponen todo un desafío a las matemáticas, a lo establecido. El favorito, el campeón de la Liga regular, mordió el polvo. Dos derrotas esta temporada en competiciones nacionales, y ambas ante su eterno rival. El Salvador parece haberle tomado la medida al Entrepinares, que debe evitar el síndrome blanquinegro para defender en el playoff el título liguero. Porque, con toda la prevención y humildad que se quiera, ambos apuntan también hacia la final de la Liga.

Todo el universo oval esperaba un partido vistoso y brillante que sirviese como embajador y banderín de enganche para este deporte. No lo hubo. La espectacularidad quedó aparcada y quienes salieron del garaje al comienzo del encuentro fueron la prevención y el miedo. En parte era comprensible. Ninguno de los dos equipos estaba acostumbrado a un graderío así. Ni siquiera en sus aventuras europeas.

El Entrepinares jamás acabó de digerir el nuevo paisaje. No fue él en los 80 minutos. Ni un ensayo para al menos mostrar la foto de cara a la posteridad de un balón posado más allá de la línea de palos en el estadio José Zorrilla.

El Salvador obró con mayor astucia. Su comienzo fue también tembloroso, pero supo rehacerse y tomar el control de los mandos. Primero se dedicó a neutralizar a un rival en teoría superior. Una vez realizado el cortocircuito, buscó el golpe de gracia, que llegó por medio del ensayo de Alberto Díaz, un ala reconvertido en zaguero que salió desde el banquillo por mor de la lesión de Antoine Sánchez. Aprovechó su velocidad para dividir la defensa quesera, más pendiente del pase que del placaje, y anotar el único ensayo por todo el centro. Fue el hombre del partido por el ritmo veloz que imprimió al encuentro cuando el balón pasaba por sus manos y por sus contagiosas ganas de sorprender.

Su ensayo supuso la única isla de emoción en un partido en el que se enterraron la imaginación y la osadía para buscar el error y el castigo al rival que provocase el tiro a palos. Mucho juego al pie en un día de manos blandas, por los nervios y por el gran aguacero de la primera parte, que impedía la correcta recepción del oval. Con el balón convertido en un cerdo engrasado, los avants campaban por sus fueros.

El VRAC sufrió su cruz con esos pases fallados que le impidieron una y otra vez ganar metros, pero sobre todo en las touches. Fueron un martirio para los azulones, hasta tal punto que condicionaron su juego y acabaron por desquiciar y borrar el partido a Miejimolle. Casi todos sus saques fueron excesivamente cortos y bajos. Lo que en teoría era una ventaja se transformó en un impulso para el rival.

El dato numérico es estremecedor. El Entrepinares sacó 23 touches y El Salvador sólo 6. Pero los queseros se apoderaron de 15 y los chamizos de 14.

El partido como es de esperar cuando la elaboración es casi nula y el juego a la mano se convierte en anecdótico, tomó respecto al marcador el camino de los golpes de castigo. También en esto fue mayor el acierto de El Salvador. No sólo porque incurrió en menos errores que provocasen el tiro a palos, sino porque Katz (un fallo) estuvo más fino que Griffiths (dos).

Incluso fuera del encuentro, el VRAC tuvo a su alcance al menos el empate. En el minuto 66, y con 13-6 en el marcador, pudo elegir entre buscar el ensayo justo desde la línea de 22 o tirar a palos. Entre empatar o apretar el marcador buscando después ese ensayo ganador.

La lógica competitiva invita a la primera decisión. La norma no escrita de una final lleva a apostar por la segunda. El Entrepinares fue conservador y se puso 13-9, pero envió un mensaje de fragilidad a su rival que fue perfectamente captado por los chamizos para crecerse. El último cuarto de hora fue de control total de El Salvador. Supo anticiparse y parar perfectamente a un ataque azulón que no sólo fue incapaz de ensayar sino que ni se acercó a la línea.

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En el plano individual cabe destacar, aparte de Díaz, el saber hacer de Mamea y su control de todo lo que ocurre a su alrededor. En la filas queseras, Gavidi fue de lo poco rescatable.