Diario de Valladolid
Publicado por
Arturo Alvarado
Valladolid

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Recoja su pañuelo calado tras los lloros ante el Elche y póngalo a secar, que es hora de celebración. La justicia poética tarda, pero llega. El Real Valladolid pudo golear al Elche y no lo hizo. Ayer debió caer laminado frente al Mallorca, pero ganó. Para entusiasmo de resultadistas, profetas de la enésima resurrección y sería preocupación de quienes ven más allá.

El partido perpetrado por los de Portugal fue un bluff, comenzando por el planteamiento de su entrenador. Si no cayó goleado fue por el salvador larguero, la pésima calidad en el pase final de los locales y su patética puntería. Por algo son el peor realizador de Segunda, excepto un Bilbao que es más gato que león y al que queda grande el traje de plata.

La cuestión es que el encuentro se pareció más al de Gerona que al vivido ante los ilicitanos. Tras un trasteo inicial, el caos fue total. Apoteósico. Portugal, que si fuese una película se llamaría Rubi II, volvió a menear la coctelera de la alineación. No salió un daiquiri sino un 4-3-3 inoperante. El míster se cargó a Leão, que no estuvo mal en los partidos anteriores, y cimentó la medular en Timor, Tiba y Rubio, como había ensayado el sábado.

Fue un desastre. Rubio estaba fuera de sitio, Timor pierde más balones de los que recupera y Tiba, tras una vuelta de Liga, no ha demostrado absolutamente nada. Pero hubo algo a su favor: los tres de arriba y la defensa estuvieron tan mal, que no desmerecieron su actuación.

Durante una hora, el Mallorca llegó como quería pero no se dio cuenta de que su pistola era de juguete y tenía tapón. Cada tiro parecía un fusilamiento, pero no era más que el corcho saliendo.

En ataque no hubo ocasión para mejorar la pronunciación del portero bermellón (algo parecido a Felengoita). Si el alemán se manchó el uniforme, fue por apoyarse en el poste, de puro aburrimiento.

El partido se convirtió en un ida y vuelta sin bandas ante la anuencia balear, que no cuenta con laterales demasiado dotados. El Real Valladolid, incapaz siquiera de sacar limpio el balón, ni se planteaba dar tres pases seguidos Así transcurrió el encuentro. Minutos y más minutos pensando cuándo llegaría el gol del Mallorca. Parecía inexorable.

Todos veían que al partido le faltaba fútbol por las bandas y desborde, pero Mojica salió casi a la hora de juego. Su fulgurante aparición, la del injustamente decapitado Alfaro y el cambio de sistema consiguiente, metieron al Pucela en el partido. Más de 70 minutos a la basura, tras jugar a la ruleta rusa. Gálvez la pifió con sus sustituciones, excepto Roigé, y las vías de agua mudaron de barco.

La velocidad del colombiano fue letal. Cambió el signo del encuentro. Pero tampoco hay que pedir ahora su nombre para una calle. El domingo puede ser titular y no rascarla, como tantas veces. O jugar para el Mojica FC, como unas cuantas más.

Su irregularidad es epítome de la del equipo, que no encuentra personalidad ni criterio para manejar los partidos. Y la del entrenador, que tras doce jornadas sigue dando vueltas al once, a la formación (mal llamada sistema) y al estilo de juego que pretende imponer. Hay empates, incluso derrotas, que sirven para crecer. Y victorias vacías. Como ésta, si el resultado entierra el pésimo juego.

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