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Beatriz S. Olandía
Valladolid

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Dicen que fue elegante en su despedida. Que no quiso alharacas, hombros amigos en los que llorar, adornos para hacer de un despido algo de lo que estar orgulloso. Dicen que se sentó frente a los periodistas y habló claro, sincero, sin recortar un ápice del carácter del que nos avisaron los expertos a su llegada y del que, sinceramente, no se me antoja más que la forma de ser de alguien que vive con pasión su trabajo. Dicen que Gaizka Garitano estaba jodido, porque que te despidan es una faena, sí... pero que lo hagan cuando sientes que aún tienes mucho por dar, más aún. Es una putada de libro, como los penaltis duros y a la rodilla. Es un putadón que un chiringuito que sostienen 25 tíos se hunda siempre por el mismo lado.

Dicen que llevaba el semblante serio, ligeramente cabizbajo, más por no parecer altivo que por sentirse derrotado. El ceño ligeramente fruncido, como cuando una mala idea te seduce durante mucho tiempo; la boca entreabierta, exhalando un suspiro de resignación y de «a otra cosa»; los ojos clavados en el suelo, en un túnel que a veces se llena de gritos adolescentes pero que ese día lucía un desolador y oscuro vacío. Probablemente sólo se escucharan los pasos de Garitano contra el cemento y los clics de las cámaras de los gráficos. Una última instantánea antes de dejar Valladolid. Una putada de fotografía.

Los bártulos de Garitano abarcaban dos brazos y una bolsa de basura. Se adivinaba bajo el izquierdo una caja de zapatos, de las que se reutilizan para almacenar papeles; sobre ella, un buen taco de folios, o libros, o informes... Probablemente apuntes de lo que ha ido ocurriendo sobre el terreno de juego... algunas páginas estarán en blanco, otras, plagadas de tachones. En claro equilibrio, un cuadro compuesto por varias fotografías coronan la primera parte de esta mudanza. No se distingue bien qué fotos son... probablemente recuerdos de tiempos pasados que te animan cuando te llegan los malos momentos. Lleva el cuadro bajo el brazo como las madres acaban llevando la cartera, con decisión y bajo el sobaco, como todo lo que tiene valor, como el pan que traen los niños al nacer, como esos recuerdos que aprietas contra el cuerpo mientras dejas las manos libres para seguir viviendo.

La bolsa de basura va asida fuertemente por su mano derecha; es una jugarreta guardar tus cosas en una bolsa de basura porque degradas su significado. El plástico negro lo vuelve todo desecho, todo es olvidable dentro de un saco de basura, todo tiende a ser prescindible. Una putada de bolsa.

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Dicen que Garitano se ha ido con la cabeza alta, el orgullo herido y la lección aprendida. Dicen que a Garitano le han hecho una putada.