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BEATRIZ S. OLANDÍA
Valladolid

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Se acerca el amanecer y la cabeza se hunde como por inercia en la almohada, deseando que los primeros rayos del sol se retrasen y retraigan hasta que el ojo, la pupila, la papila, esté preparada para el despertar.

Falta poco para que la suerte esté echada y no queden más que calculadoras y transistores, porque el futuro del Real Valladolid huele a eso, a resaca mal curada y a paciencia en los demás. La carrera de fondo que es la liga se ha hecho más corta de lo esperado y nos pilla a contrapié a punto de la luxación de orgullo. Era este un equipo hecho para ascender y todo iba bien hasta que las canillas empezaron a relajarse; los márgenes de error se ensanchaban porque quedaba mal decir ahí arriba que los lastres empezaban a bajarnos de la nube, el mal de altura de los agoreros no debía empañar la privilegiada posición de quien mira por encima del hombro, sin orgullo y con razón.

Hemos sido inconscientes como los nuevos ricos, que dilapidan su fortuna mirando con burla al pasado sin tener presente el futuro. Hemos hecho un Jett Rink, somos ese ‘gigante’ James Dean aviejado artificialmente que, tambaleante, y tras haber tenido a sus pies al mundo, deja estampar contra el suelo la última botella de whisky. Lo teníamos en nuestras manos, dependíamos de nosotros mismos, éramos guapos, buenos y trabajadores. La Arcadia futbolística estaba en nuestras manos.

Pero ahora nos levantamos resacosos, con la lengua anclada al paladar, el aliento prendido en los vapores del alcohol y la sensación de haber hecho algo mal, no sabemos muy bien el qué; porque éramos el Real Valladolid y este era nuestro rancho, porque íbamos disparados hacia el ascenso directo, porque llegaban los resultados y no nos hacía falta nada más que un rival más débil -la mayoría-. Se ha perdido el colchón de puntos, se ha dado la vuelta a la clasificación pasando de los henchidos y orgullosos primeros puestos a intentar convencernos de lo bien que estamos un poquito más abajo.

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¿Habríamos firmado la promoción a principio de temporada? Probablemente, el espíritu conservador que nos caracteriza -virgencita, que me quede como estoy- nos hubiera llevado a aceptar al trato, pero ese no ha de ser el planteamiento, esto no es la zorra y las uvas. La reflexión adecuada pasa por plantear si hubiera hecho falta esa promoción de no haber dejado escapar puntos tontos, esos partidos que deberían haber engrosado la lista de las victorias y que ni el propio entrenador acertaba a explicar qué había pasado. Betis, Ponferradina, Albacete, Girona... puntos que se nos deslizaron por las comisuras de los labios como ese whisky amargo que termina estampado en la solapa.