Real Valladolid
Monólogo blanquivioleta
Cómodo triunfo del Valladolid ante un débil Numancia que acusó la temprana expulsión de Ripa y los goles de Timor y Hernán Pérez antes de que se cumpliera el primer cuarto de hora / Los hombres de Rubi jugaron a placer
Óscar, que cerró el marcador, felicita a Hernán Pérez, autor del 2-0-J.M.Lostau
Ni un cuarto de hora le duró el Numancia al Valladolid. El partido quedó prácticamente sentenciado al marcar Hernán Pérez el segundo gol. En ese momento bastaba con ver las miradas perdidas de los visitantes. Jugaban con uno menos desde el minuto 3 tras ser expulsado Ripa y los cambios realizados sobre la marcha por Anquela no habían dado ningún resultado. El Numancia encajó el primer gol en el minuto 9, el segundo en el 12 y no dio señales de vida en Zorrilla.
Las heridas profundas que aniquilaron al Numancia las provocó Rubio. Primero con un pase a Óscar al hueco que provocó la expulsión de Ripa y después con otra asistencia magnífica a Hernán Pérez en la jugada del segundo gol. Quedaba un mundo por delante pero el Numancia parecía fulminado. No presionaba en el centro del campo y facilitaba las internadas de los jugadores del Valladolid con su defensa tan adelantada.
Hay partidos que muestran el desenlace final con muchísima antelación y eso fue lo que ocurrió anoche en Zorrilla. El Valladolid practicaba un fútbol de tiralíneas y jugaba a placer, mientras el Numancia veía pasar el balón de un lado a otro como si se tratase de un convidado de piedra. La tarjeta roja a Ripa y los dos goles en contra en un abrir y cerrar de ojos eran una carga demasiado pesada.
No se observaba ningún atisbo de reacción por parte de los sorianos. El dominio del Valladolid era cada vez más insistente. Hernán Pérez pudo marcar el tercer gol en una jugada calcada al 2-0 y Timor estuvo más acertado a la hora de culminar un buen pase de Leao.
El fútbol es también un ejercicio de psicología. Darle tantas facilidades al Valladolid en Zorrilla constituye una invitación al descalabro. El problema no es jugar con uno menos durante casi todo el partido. El verdadero causante del destrozo fue el propio espíritu de los sorianos, incapaces de plantarle cara a un rival infinitamente superior.
El Valladolid vapuleó al Numancia sin piedad. Aprovechó todas y cada una de sus concesiones, no sólo las que se producían sobre el césped, sino también las que llegaban desde el banquillo. Y es que Anquela no tuvo ni tiempo para corregir. En un partido de baloncesto, el entrenador pide un tiempo muerto para buscar un respiro. En uno de fútbol, de poco valen las órdenes si el adversario te pasa por encima y, literalmente, te esconde el balón. Hacía tiempo que Rubio y André Leao no encontraban tantos huecos para meter balones envenenados. Son dos futbolistas con mucho talento y el Numancia no pudo frenarles en ningún momento.
Al equipo de Anquela le salió todo mal. Ni siquiera aprovechó las acciones a balón parado. Tiene en sus filas a Julio Álvarez, un jugador que le da un óptimo rendimiento en el lanzamiento de las faltas pero tampoco estaba fino. La mayoría de sus centros acabaron en la cabeza de Valiente, que cercenó esas opciones de los visitantes. Julio Álvarez probó fortuna con un remate seco desde la frontal pero se encontró con un Javi Varas bien colocado que desvió el lanzamiento. El Numancia intentaba sacar fuerzas de flaqueza para llegar vivo al descanso, pero el tercer gol (minuto 31) terminó por derrumbarle. Timor aprovechó una vez la fragilidad de toda la zaga para presentarse solo ante Biel Ribas tras una excelente asistencia de André Leao y batirle con habilidad.
La segunda parte fue un monólogo blanquivioleta. Tres cuartos de hora insulsos con dos equipos que ya conocían el destino que les aguardaba. Sólo faltaba por concretar el marcador definitivo. El Valladolid levantó el pie del acelerador y el Numancia encontró una vía de oxígeno, aunque el balón seguía estando cerca de la portería de un Biel Ribas desolado.