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El infierno de Pamplona
El Valladolid pierde ante Osasuna pese a jugar con uno más 40 minutos / Desaprovecha hasta cuatro ocasiones de gol / El árbitro consintió a los locales la continua interrupción del partido tras la expulsión de Javier Flaño

Jeffren no llega al balón tras un centro medido de Mojica en el primer tiempo que pudo ser el 1-2-LOF
El Valladolid se ha acostumbrado a resucitar a los equipos que caen a la zona de descenso y en El Sadar volvió a ejercer de buen samaritano. Estaba Osasuna con la soga al cuello, en su peor momento de la temporada, con una grave situación deportiva y económica y con el entrenador jugándose la continuidad hasta que apareció el Valladolid. En Pamplona se hizo de día para los rojillos y de noche para los blanquivioleta. Osasuna vio el cielo y el Valladolid, el infierno.
El partido, de lucha titánica de principio a fin, se rompió en el minuto 52. El árbitro expulsó a Javier Flaño y a partir de ese instante Osasuna activó el plan B, que consistía en parar el juego de forma continua ante la permisividad de un árbitro que había perdido los papeles en el primer tiempo al anular un gol legal a cada equipo y dar por válido el segundo tanto local después de una falta de Nekounam sobre Óscar que no señaló.
Pero no es cuestión de echarle todas las culpas al árbitro. Se equivocó muchísimo en las áreas y en sus inmediaciones porque estuvo muy mal auxiliado en las bandas y además consintió que los jugadores de Osasuna perdieran tiempo con descaro, aunque eso no justifica la derrota del Valladolid.
El nuevo tropiezo comenzó a fraguarse en la primera parte. El temprano gol de Nekounam, casi a renglón seguido del conseguido por Bergdich aunque anulado de forma injusta, no amilanó al Valladolid. Tuvo la paciencia necesaria para obligar a Osasuna a dar varios pasos atrás, tocó bien el balón, equilibró el partido por mediación de Óscar y dispuso de dos buenas ocasiones para dar la vuelta al marcador. Al dominio del Valladolid le faltó una vez más el acierto en la ejecución.
Cuando más tocado estaba Osasuna, un gol en propia puerta de Valiente le puso el triunfo en bandeja. A los hombres de Rubi se les juntaron todos los males: la jugada nació tras una falta sobre Óscar y a continuación el balón le pegó al central en el pie cuando trataba de evitar el remate de Cedrick. El árbitro, entretanto, prosiguió su recital de fallos y anuló un gol legal de Osasuna antes del descanso.
Rubi reaccionó con prontitud tras la expulsión de Javier Flaño. Osasuna vio las orejas al lobo al quedarse con un jugador menos y se dedicó sólo a perder tiempo, mientras el entrenador blanquivioleta decidió prescindir de un defensa, Samuel, para meter a otro hombre de ataque, Óscar Díaz.
Urban también movió pieza. Situó a Sisi de lateral derecho para frenar las internadas de Mojica y acertó con su apuesta porque el ex blanquivioleta acabó convirtiéndose en el mejor jugador del partido. Protagonizó una lucha titánica con el extremo colombiano y le sobraron fuerzas para marcharse al ataque en busca del gol de la sentencia. Sisi recordó -para desgracia del Valladolid- las buenas tardes de fútbol con las que deleitó años atrás a la afición blanquivioleta y hasta pudo marcar el tercer gol tras un remate que desvió Javi Varas después de regatear a Mojica y a Marc Valiente.
El Valladolid jugaba contra el marcador y contra el crono. Se estrellaba una y otra vez con la poblada defensa de Osasuna y fallaba sus mejores ocasiones. Óscar lanzó el balón fuera con Santamaría ya batido y Óscar Díaz cruzó el balón demasiado en un lanzamiento desde la frontal del área. Los jugadores de Osasuna seguían aplicando de forma magistral las instrucciones que habían recibido de antemano. Con un jugador menos en el campo y ante un rival a priori superior -como quedó demostrado en el primer tiempo- hay que emplear otras armas para ganar un partido.