71 SEMINCI VALLADOLID 2026
Elvira Mínguez reivindica sus raíces al recibir la Espiga de Honor de la Seminci
La actriz, directora y escritora vallisoletana califica de "ridícula, absurda y contradictoria" la polémica sobre las ayudas al audiovisual
La actriz y directora Elvira Mínguez, Espiga de Honor de la Seminci
La actriz guionista, directora y escritora vallisoletana Elvira Mínguez recibe esta tarde la Espiga de Honor de la Semana Internacional del Cine (Seminci) como reconocimiento a una trayectoria de más de tres décadas en el cine, un recorrido que afronta "con susto, con sorpresa, con mucha alegría" y con el recuerdo de todas las personas que la acompañan profesionalmente. "Esto no se hace solo", subrayó, al recalcar que el galardón no es únicamente para ella, sino también "para toda la gente que ha estado conmigo durante estos 30 y tanto años".
La intérprete reconoció que el día está marcado por los nervios y la emoción de recibir un nuevo reconocimiento en su ciudad natal. “Realmente me hace falta comprar un décimo de lotería y hacerlo todo completo”, ironizaba durante el encuentro ‘Pensar (y escuchar) el cine’, celebrado en el Paraninfo de la Universidad de Valladolid.
A pesar de que hace años que se trasladó a Madrid por temas de trabajo, Mínguez mantiene una “estrecha” vinculación donde conserva buena parte de sus amistades y a la que, aseguró, que regresa con frecuencia. “Esto no deja de ser casa y no dejará de serlo”, afirmó en declaraciones recogidas por Ical.
“Hay como una constante de regreso aquí, y cada vez más”, añadió, al reconocer que ahora no solo recuerda la ciudad en su conjunto, sino también los lugares concretos que marcaron su vida. “Me voy al barrio y se me viene todo”, explicó.
Volviendo al humor, Mínguez relacionó esta recuperación de recuerdos con el paso del tiempo. “Parece que no sé si esto quiere decir realmente que me estoy haciendo vieja y empezamos a recordar más”, comentó, antes de añadir “te acuerdas más de lo que pasó hace 40 años que de lo que comiste ayer. Pues igual es eso lo que está pasando”.
La trayectoria cinematográfica de Mínguez comenzó de la mano de Imanol Uribe en ‘Días Contados’, donde interpretó a Lourdes, un papel por el que obtuvo su primera nominación al Goya como actriz revelación y el Premio Ondas junto a Candela Peña y Ruth Gabriel.
Desde entonces, trabajó a las órdenes de numerosos cineastas españoles e internacionales, entre ellos John Malkovich en ‘The Dancers Upstairs’, Steven Soderbergh en ‘Che’, Paul McGuigan en ‘The Reckoning’, Antonio Chavarrías en ‘The Chosen’ y Asghar Farhadi en ‘Todos lo saben’.
Entre los reconocimientos de su carrera figuran el Goya a la mejor actriz de reparto por ‘Tapas’, la Biznaga de Plata del Festival de Málaga en dos ocasiones, el Golden Egret del Miami Hispanic Film Festival y el Globo de Cristal a la mejor actriz del Festival Internacional de Cine de Karlovy Vary.
Este último año, Mínguez recibió el Premio de la Unión de Actores por su interpretación de Juana en ‘La cena’, de Manuel Gómez Pereira, y obtuvo diversas nominaciones, entre ellas las de los premios Goya y Feroz en la categoría de mejor actriz de reparto.
Además de su trabajo como actriz, Mínguez desarrolló una carrera literaria que ganó protagonismo en los últimos años. En cambio, su relación con los libros viene desde la infancia. “Toda mi vida ha estado asociada a los libros”, aseguró.
La escritora recordó con especial cariño las visitas al ‘bibliobús’, que formaban parte de sus sábados cuando era pequeña. “Me recuerdo leyendo, Para mi, los sábados de ‘bibliobús’ eran uno de los momentos más felices de mi vida”, aseguró.
En este sentido, explicó que su curiosidad no se limita a la lectura, sino que se extiende a todo aquello que le permita aprender cómo funcionan las cosas. “Me encantan las recetas, me encanta saber cómo se hacen y eso lo extiendo a todo”, comentó.
Ese interés la llevó a preguntarse cómo escribían los grandes autores y a buscar herramientas para comprender los mecanismos de la literatura. Su primera incursión en la escritura profesional llegó durante la pandemia, cuando le ofrecieron participar en el guion de una película. Sin embargo, reconoció que en aquel momento, sintió que no era su lugar, por lo que lo abandonó. En cambio, la experiencia le dejó el hábito de escribir y le permitió descubrir una nueva vocación.
“En ese momento me di cuenta de que era extremadamente feliz escribiendo, que había abierto una puerta que con casi 60 años no me lo hubiera creído nunca”, afirmó. A partir de entonces decidió apostar por esa faceta creativa sin dejarse condicionar por las posibles críticas.
Su trayectoria como escritora comenzó en 2006 con el relato ‘Hace tiempo pasó un forastero’, adaptado posteriormente al cine y premiado en la Seminci. En 2023 publicó ‘La sombra de la tierra’, cuya adaptación televisiva escribió y dirigió para Atresplayer, un proyecto con el que debutó como directora. Su segunda novela, ‘La educación del monstruo’, ambientada en Düsseldorf durante los años sesenta, obtuvo el XXX Premio Primavera de Novela el pasado mes de febrero.
“A mi me interesa muchísimo el pasado. Yo creo que la memoria hay que revisarla”. señaló, al explicar que considera fundamental volver sobre las experiencias anteriores para entender el presente. “Creo que muchos somos en base a lo que hemos sido y a lo que traemos de atrás”, añadió.
Para construir sus historias, la escritora recurre tanto a la documentación como a los recuerdos familiares y a las conversaciones con personas de su entorno. “Son recuerdos inventados”, recordó, al referirse a la forma en que la memoria reconstruye los acontecimientos y mezcla lo vivido con la imaginación.
“Todos los personajes tienen mucho de mi”, reconoció, antes de reflexionar sobre la relación entre la creación literaria y la propia experiencia. “Creo que, en el fondo, lo que hacemos es narrar nuestra propia historia mientras vivimos, de lo que se trata es de haber escrito una novela más o menos coherente”.
Esa relación entre la memoria y la ficción funciona también en el punto de partida de ‘La educación del monstruo’, una novela ambientada en Düsseldorf durante los años sesenta y en la que explora cómo el miedo puede marcar las relaciones personales desde la infancia.
Mínguez explicó que el origen de la obra se encuentra en una experiencia vivida con su hijo cuando era pequeño. “El niño jugaba con una pelota y la lanzaba por encima de la valla para salir a buscarla”, una situación que provocó que “salí como un miura”. “En aquel momento vi el miedo en sus ojos”, reconoció. Tiempo después, el niño volvió a sacar el tema y le recordó lo ocurrido, “Me metiste un miedo que no era mío", le dijo, según contó la escritora, quien reconoció que “pensé que tenía que hacer algo con eso. A partir de ahí empecé a construir”.
“La manera de trabajar era distinta”
La intérprete vallisoletana también reflexionó sobre los cambios que experimentó el cine desde los años noventa, cuando comenzó su carrera. “No tiene nada que ver en cómo se hace ahora. Yo creo que hubo un cambio”, reconoce.
Mínguez recordó que, antes de la llegada de la alta definición, los rodajes se realizaban en negativo y el alto coste del material obligaba a preparar “cuidadosamente” cada escena. “Se ensayaba mucho porque el material era súper caro y, cuando estaba todo perfecto, se empezaba a grabar”, explicó.
En este sentido, reconoció que la mecánica de trabajo en cuánto a cómo se preparaban las escenas era muy diferente a la actual. En cambio, la llegada de la alta definición modificó esa dinámica y permitió grabar los ensayos, un cambio que, bajo su punto de vista, no benefició a la interpretación. “A mí personalmente creo que nos fastidió para la interpretación. Yo creo que antes se hacía mucho mejor”. afirmó.
Siguiendo en esta línea, la reflexión es similar a su forma de trabajar, que definió como más vinculada al impulso. “No soy de repetir”, explicó, al recordar que una de las razones por las que decidió dejar el teatro fue la dificultad de reproducir una y otra vez el mismo trabajo.
“Tengo culo de mal asiento”, reconoció, antes de reivindicar las posibilidades narrativas que ofrece el audiovisual, que permite rodar escenas sin seguir el orden cronológico de la historia. “Puede empezar por el final, volver al principio. Soy mucho de hacer puzzles”, comparó. “Soy más de impulso que de repetición, soy de pocas tomas”, resumió.
Crítica a la polémica sobre las ayudas al audiovisual
Preguntada por la controversia surgida en torno a las ayudas al sector audiovisual por la Consejería de Cultura, calificó la medida de “absolutamente ridícula, absurda y contradictoria” y cuestionó el argumento del posible adoctrinamiento. “Desde el momento que hay una posibilidad de adoctrinamiento de ellos al aprobar esta medida, lógicamente lo que están haciendo es adoctrinando”, aseguró. “Ya está. Sin más”, concluyó, antes de añadir que la cuestión “no me merece el menor respeto”.