Diario de Valladolid

Paulo Nazareth reivindica en el Patio Herreriano la memoria de los silenciados

El Museo, de la mano de Juan José Santos, presenta la primera muestra en España del pujante artista, en la que indaga en una historia familiar y colectiva marcada por el colonialismo

Juan José Santos y Javier Hontoria, hoy, en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña.

Juan José Santos y Javier Hontoria, hoy, en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña.juan garcía

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Valladolid

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La primera vez que el comisario vallisoletano Juan José Santos (1980) vio al brasileño Paulo Nazareth (Minas Gerais, 1977) fue hace 15 años, en un pueblo perdido de Guatemala, cuando estaba a punto de desencadenarse una inesperada tormenta. Recorrían Latinoamérica: el primero, como experiencia vital; el segundo, «desarrollando una obra de arte en proceso». Santos Mateo le preguntó dónde podía ver esa creación. ‘Delante de ti. Soy yo’, le respondió. El artista, descalzo y con los pies negros, quería llegar a EEUU caminando desde Brasil. Cuando estalló la lluvia corrió a guarecerse para no perder la memoria del viaje ya recorrido, impresa en sus pies.

Hoy, Nazareth se ha convertido «en uno de los referentes» de su generación –estos días exhibe en el marco de la Bienal de Venecia la muestra Álgebra–, como advirtió este viernes en el Museo Patio Herreriano su director Javier Hontoria, en la inauguración de Ora pro nobis, la primera muestra institucional en España de Paulo Nazareth.

Al fondo, imágenes de la serie 'Botocudos Heritage'.

Al fondo, imágenes de la serie 'Botocudos Heritage'.JUAN GARCÍA

«Aquella anécdota define a un artista que tiene una singular forma de pensar, de hacer arte y de vivir», advirtió Santos Mateo en la Capilla de los Condes de Fuensaldaña, a los pies de la instalación que da título a la exposición. «Para él, lo artístico y lo personal son una sola cosa. Para él, lo religioso, lo político o lo biográfico son también una sola cosa», defendió el vallisoletano.

En la Capilla y en la Sala 9 del MPH, el creador indaga en una memoria íntima, familiar, que se proyecta en otra colectiva. Una memoria que hunde sus raíces en la tierra, en el paisaje que la moldea y la condiciona, también en una historia marcada por el colonialismo y el maltrato a los pueblos indígenas. Una memoria, en algunos casos, personificada en el rostro de su madre.

Levanta Paulo Nazareth en la Capilla del MPH una suerte de «corona de musgo», una instalación llamada Ora pro nobis. La obra se asemeja, incluso, a un primitivo altar natural coronado por un cactus (Pereskia Aculeata) que brota junto a las iglesias de Minas Gerais –un topónimo que alude a las minas de oro explotadas por los portugueses en la zona, que no todo era evangelizar, con mano de obra de esclavos africanos, en el siglo XVII–. Junto a esa planta, otra aérea (Tillandsia usneoide), llamada por los franceses barbe espagnol por su semejanza con las barbas de los colonizadores, y otra (Euphorbia milii) que por estar cubierta de espinas se la conoce como Corona de Cristo. Un «diálogo entre especies» con el que Paulo Nazareth «entrelaza historias de aculturación, adaptación y ofrenda». Los fieles que acudían a los templos de la zona se comían las hojas del citado cactus, conocido popularmente como Ora pro nobis y como Carne de los pobres. También en el monasterio que hoy es sede del MPH acudían en su día los menesterosos a comer, recordó el comisario.

La instalación de Paulo Nazareth.

La instalación de Paulo Nazareth.JUAN GARCÍA

Fotografías, bordados, videocreaciones... En la sala 9, Paulo Nazareth despliega trabajos como Botocudos Heritage, Monumento a la Madre del Mundo y CA – Nossa Senhora da Aparecida.

Paulo Sérgio da Silva rinde con su nombre artístico, Paulo Nazareth, homenaje a su propio linaje: su abuela, Nazareth Cassiano de Jesus, trabajaba como criada para unos latifundistas que ocupaban tierras de la etnia indígena Borum Krenak, de la que ella era descendiente; cuando se quedó embarazada, aquella familia le arrebató al bebé –la madre del artista, Ana Gonçalves da Silva, que acabaría desempeñando las labores domésticas– y a ella la ingresaron en un psiquiátrico, donde su rastro y su memoria se perdieron.

Un hombre fotografía los trapos bordados de Nazareth.

Un hombre fotografía los trapos bordados de Nazareth.juan garcía

En Botocudos Heritage, Paulo Nazareth retrata a su madre en el Museo del Hombre de París posando con antiguas fotografías exotizantes de personas de la etnia Borum Krenak. Y despliega viejos y sucios trapos de cocina en los que borda la frase ‘amor de madre’ en latín, vasco y suajili; o en los que plasma expresiones como ‘tu madre’ o ‘madreado’ con una connotación negativa. En uno, borda un mapa colonial... con los lugares en los que la lengua materna fue relegada para imponer la de los ‘padres’ conquistadores.

Y levanta ese Monumento o Museo a las Madres, con dibujos y frases de espectadores que hacen suyo el deseo de rendirlas homenaje. Y, como a un fantasma, parece perseguir el recuerdo de aquella abuela a la que no conoció siguiendo a dos camiones con su cámara, en cuyas puertas traseras, como buscando protección, llevan pintadas las imágenes de María Auxiliadora y de Nossa Senhora da Aparecida. 

Hasta el 14 de febrero.

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