Diario de Valladolid

Ángel Vallecillo: «Todo se tergiversa y manipula, la verdad no existe»

El escritor vallisoletano, Premio Castilla y León de la Crítica, vuelve con la Editorial Difácil a las librerías con la distópica ‘Redes y Bestias’

Ángel Vallecillo con su libro 'Redes y Bestias'.

Ángel Vallecillo con su libro 'Redes y Bestias'.PHOTOGENIC

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Valladolid

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Ángel Vallecillo (Valladolid, 1968), ganador del Premio de la Crítica de Castilla y León en 2018 con Akúside, vuelve a las librerías para retratar las miserias de este tiempo nuestro con una novela distópica, frenética y, por momentos, cruda y angustiosa, irónica y valiente en su crítica. Una historia ambientada en una urbe mastodóntica, paraíso para pocos e infierno para la mayoría, poblada por personajes al límite, rotos, que viven su día a día por barrios como Faluya o Bamako como quienes caminan junto a un abismo, sin margen para el error.

Ahí están el obsesivo naturalista Lanzo, obligado a tomar una decisión que le marcará; la ministra Omaha Kali, desgastada por traiciones políticas y personales; el doctor de Urgencias Superman Green, tratando de salvar vidas cuando él mismo está al borde del colapso; la policía Mayo, leal, arrastrada por el torbellino que está a punto de llevarse por delante a su hermana Arma. Y, claro: ahí están Arma, Armanda, con su niño César, Nené; ahí está esa abnegada madre soltera que ha tratado de renacer para sacar adelante al crío, que se desvive por él, que daría su vida por él.

Sus vidas, en la sobrepoblada Ciudad Máquina, acaban por entrecruzarse cuando ocurre un inesperado accidente que mostrará todas las miserias de la sociedad recreada por Ángel Vallecillo en Redes y Bestias, el regreso del vallisoletano al catálogo de Difácil, que estos días luce su reconocido fondo editorial en la Feria del Libro de Valladolid.

«Ciudad Máquina es un concepto. He viajado por todo el mundo y, salvo en África y parte de Sudamérica, voy viendo que todo es una misma cosa, como una gran ciudad que se hubiera extendido. Esa gran trituradora crea tensiones, una sensación de opresión en sus habitantes», reconoce Vallecillo que, en conversación con este diario, recuerda que ya en una novela como Colapsos (2005) ya realizó una dura crítica al capitalismo.

‘No existe justicia evolutiva. Por cada especie social hay cien mil individualistas. Por cada falso gesto de caridad entre depredador y víctima hay cien mil garras y dientes diseñados para matar’, piensa Lanzo en la novela. Una sentencia que suena a premonición, viendo como va a descarrilar su vida... y las de Arma y Nené.

Ese individualismo, quizá, explique el derrumbe moral de los habitantes de Ciudad Máquina, su falta de empatía, el comportamiento de tipos como Corulla, ese perro de presa que acosa a Arma mientras trabaja como limpiadora, buscando la mínima excusa para castigarla. Ese individualismo, quizá, explique que Ciudad Máquina sea campo abonado para discursos populistas, manipuladores. Como la vida misma.

«He intentado reflejar hacia dónde vamos. En 9 horas para morir, una novela que escribí hace 13 años, contaba la historia de un personaje que se daba unas últimas horas antes de suicidarse, porque entendía que no encajaba. Y no encajaba porque el sistema, siendo él como era, hombre bondadoso al que le costaba socializar con la gente, iba a ir a peor. Por eso desistía, porque no tenía esperanza. Y yo no creo que esto haya ido a mejor en los últimos 15 años. Quizás, por eso, Redes y Bestias resulta en buena parte de la historia tan pesimista», concede Vallecillo.

Esa sensación, la de no encajar, también la siente Arma, una kelly que se quiere poco –desearía haber tenido más seso y menos piernas– y que disfruta limpiando porque, en un mundo sucio, así consigue revelar la belleza de las cosas; y lo hace a pesar de las humillaciones. Sabe que otras madres la odian a escondidas, por puro clasismo, porque ella no hace más que encadenar un trabajo precario tras otro en los últimos años.

Pero el odio se extiende rápido: cuando la fatalidad se desencadena, todas las miradas apuntarán hacia ella. ‘La masa extiende estiércol’ en las redes sociales, en las televisiones, en los diarios, en las radios, en los grupos de Whatsapp. ‘La masa es estabulada mediante algoritmos’, el rebaño es dirigido y su pensamiento moldeado a conveniencia, al interés de los políticos, de los líderes de opinión, de los líderes sociales que buscan seguir viviendo del cuento. Y Arma y los suyos se ven en el ojo del huracán, pasando del anonimato al centro de la opinión pública que ejerce de fiscal, juez y verdugo sin atender a razones. ‘Dame una decapitación en directo y moveré el mundo’, dirá la presentadora Erika Battemberg.

«Arma sufre la injusticia de toda una sociedad. La mirada escrutadora, cuando todos los lectores sabemos que es inocente. En la novela, todos la acusan de culpable: el médico, la policía, los jueces, la televisión y el público... Pero los lectores sabemos que es inocente. A mí eso es lo que me gusta, porque está retratando a una sociedad. Creo que muy poca gente tiene la maldad que se presenta en esta novela en relación a las redes sociales, pero es verdad que cuando hay una noticia dura o escabrosa aparecen automáticamente un montón de mensajes muy polarizados», reflexiona el autor de Bang Bang Wilco Wallace (2014), que deja un resquicio para la luz al final de Redes y Bestias.

‘El mundo del espectáculo ha creado un público cautivo: yonquis de la tragedia’. Quién puede negarlo. «Todo se manipula. Hasta una escena de amor fraternal puede pervertirse fuera de contexto. Todo se tergiversa. La verdad no existe y esa es la clave de la novela. Todo puede ser un arma arrojadiza según los intereses de unos y otros, según quién maneje la información», sentencia Ángel Vallecillo.

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