El vallisoletano Boris Rozas vuelve con un poemario de despertares y pérdidas
La editorial Art-Sôlido lanza ‘Wes Borland aprende a tocar de oído’, Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez

Boris Rozas posa junto a su nuevo poemario.
El poeta vallisoletano Boris Rozas regresa a los anaqueles con el reciente lanzamiento del poemario Wes Borland aprende a tocar de oído (Art-Sôlido), con el que se alzó el pasado año con el VI Premio Internacional de Poesía Juan Ramón Jiménez de Coral Gables.
La obra fue reconocida por el jurado del certamen «por su fuerza lírica y su profunda coherencia poética». En sus páginas, Rozas «construye una escritura que dialoga con la música, la memoria y el desarraigo, transformando la experiencia contemporánea en materia poética a través de un lenguaje sensorial y una estructura que avanza como una partitura íntima», celebran desde la editorial.
‘Te he perdido el pulso / en la derrota de los días mansos / arrullo de lágrimas / en forma de atrapasueños’, escribe en uno de los poemas el autor de poemarios como Ragtime (2012), Invertebrados (2014), Las mujeres que paseaban perros imaginarios (2017), Annie Hall ya no vive aquí (2018). Después, melancólico, anota lo siguiente: ‘En mi soledad le rezo a los fantasmas que me / escoltaron / en el tránsito a lo que soy’, como volviendo la vista atrás a un tiempo pasado del que ya solo queda memoria. ‘No existe ya esa ventana, / las voces que tras ella / sostuvieron / nuestras tardes’, lamentará en otro poema.
«Wes Borland aprende a tocar de oído es una celebración del aprendizaje perpetuo, una partitura escrita con cicatrices y silencios», escribe en el prólogo Henry Ballate, presidente de la Juan Ramón Jiménez Foundation y responsable de arte de la editorial neoyorquina responsable del lanzamiento. Y fija la clave del último poemario de Rozas: «Escribir, amar, recordar, vivir, todo es una forma de aprender a escuchar lo que el tiempo deja caer sobre nosotros. Porque, como el propio título enseña, la poesía, como la vida, solo se aprende de oído».
Con un estilo que Ballate califica de «inconfundible», por «denso, táctil, visual», Rozas levanta una «poética de la tensión» para retratar un mundo que se descompone. ‘Las ciudades están llenas de locos / con revólveres de espuma apuntándose a la boca’.
Wes Borland aprende a tocar de oído se estructura en tres partes: ‘Detrás de nosotros todo está gris’, ‘Paralaje’ y ‘Auge y amparo de las bestias’, secciones en las que el lector se enfrenta al despertar y la pérdida, a la idea de que la vida solo se entiende desde el continuo desplazamiento. ‘Todo rastro de mi en ti / lo han borrado / las uñas de lo efímero’.
Y pese a las certezas de la ruina que acecha –‘Vivir es ser derrotado en silencio / mientras tus hijos crecen / y se van para no regresar’, sentencia–, Boris Rozas se aferra a la palabra, al universo literario que dibujan los poetas, para proclamar una luminosa convicción: ‘El poeta es a todas luces un vientre / de alquiler / donde resguardar los sueños / bajo llave’.
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