Prótesis, hierros, tornillos y espuma para una fábula en Valladolid
El artista zamorano Carlos Martín exhibe en la Galería Javier Silva ‘Broche y sustracción’, un trabajo que sugiere con lo orgánico y lo artificial y desde el juego con un tiempo extraño

Carlos Martín junto a varios de sus trabajos en la Galería Javier Silva.
El carboncillo tiñe el papel de oscuridad como lo hace la tierra que sepulta algo. Con su hábil trazo, el artista ilumina en las paredes de la sala algunos restos, aquí y allá: parecen fragmentos escultóricos y cuerpos orgánicos reconocibles. Manos agrietadas, rostros con los rasgos desdibujados o mandíbulas que contrastan con los cuerpos híbridos que yacen en el suelo de la galería, que se diría transformada en una suerte de yacimiento, de campo de estudio de un tiempo difuso, entre el ayer y el mañana, y tan ambiguo como los objetos que lo relatan.
Estos días, la Galería Javier Silva presenta por primera vez en Valladolid la obra de Carlos Martín Rodríguez (Zamora, 1988), contenida en Broche y sustracción.

El artista, junto a varias obras en la Galería Javier Silva
Y Broche y sustracción, en efecto, se levanta con dibujos al carboncillo, pero también con las resinas, siliconas de prótesis, hierros, tuercas y tornillos de sus esculturas, como si el creador retratase un tiempo marcado por el posthumanismo, en el que lo artificial irrumpe como una parte de nuestro ser. «Esas esculturas se realizaron durante una residencia artística en Matadero Madrid. Parten de un objeto arqueológico como la fíbula, que guarda un gran número de implicaciones –por lo que representan de poder o de intercambio cultural, por ejemplo– y que conectan tanto con la idea del cuerpo, o con la ausencia del mismo, así como con lo tecnológico», apunta el artista en declaraciones a este diario. «Conectando con esa vertiente posthumanista intentan, de algún modo, establecer algún tipo de diálogo entre pasado y futuro. También los dibujos conectan con ese trasvase extraño entre distintos tiempos, situando en un mismo plano fragmentos arqueológicos con objetos digitales y tecnológicos, que pueden aparecer velados», abunda Martín Rodríguez.

Una imagen de la exposición
Si las fíbulas constituyen, a su manera, parte de la memoria de aquellas sociedades de la protohistoria –el zamorano reproduce en la muestra una suerte de pelvis, en la pieza Fósil Vástago Reclinable III, que en realidad parte, desde un punto de vista formal, de la espira de uno de esos broches del pasado–, en esta muestra Martín Rodríguez recurre a la industria del presente –con el uso, por ejemplo, de una espuma integral que se usa en la industria de la automoción– para crear su propio sustrato de un tiempo que, desde sus distintas capas de lectura, está abierto a las distintas interpretaciones de los espectadores.
Profesor de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca, Carlos Martín Rodríguez es doctor en Historia y Teoría del Arte con la tesis Resto, bucle, sustracción: especulación y post arqueología para una práctica teórico-artística.